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Primates visuales

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

Los seres humanos somos muy inteligentes, caminamos con orgullo, erguidos sobre las dos piernas y disponemos de una capacidad tecnológica extraordinaria; sin embargo, no podemos presumir de poseer lo mejor de la naturaleza en lo que se refiere a nuestros diferentes sentidos. Por ejemplo, nuestra visión es buena, pero no excelente en relación a la de otras muchas especies de peces, aves, reptiles e incluso a la de ciertos insectos. Es más, podemos inferir que nuestra capacidad visual no difiere de la que tuvo nuestro antecesor común con los chimpancés hace unos seis millones de años. Y no se trata de una especulación gratuita; se basa en el hecho de que los chimpancés no se diferencian demasiado de nosotros en sus capacidades visuales. Las dos genealogías hemos conservado a través de seis millones de años lo que heredamos de ese ancestro común.

En cualquier caso, y aunque resulta didáctico comenzar a escribir con un poco de humildad, debemos reconocer que nuestra capacidad visual tampoco es nada despreciable. En primer lugar, disponemos de visión estereoscópica, con superposición de los campos visuales de los dos ojos. Así podemos ver en tres dimensiones, una capacidad absolutamente imprescindible para el desplazamiento de los primates trepadores a través de la foresta. El cálculo preciso de las distancias permite el desplazamiento por el inseguro hábitat de las ramas de los árboles. No hemos perdido esa capacidad, que sigue siendo muy útil para nuestra vida diaria ¿Podemos imaginar a un conductor que no sepa calcular distancias?

Por otro lado, tenemos la capacidad de percibir la longitud de onda de tres colores del espectro visible, rojo, verde y azul, frente al monocromatismo de muchas especies de mamíferos y de los primates nocturnos, que solo ven en blanco y negro, o frente a la visión dicromática de la mayoría de los mamíferos. Disponemos en la retina de pigmentos sensibles a la luz (opsinas), que nos permiten combinar las longitudes de onda y ver el mundo en color. No obstante, nos gustaría poseer los super-poderes del personaje de superman para ver el mundo a través del rango del ultravioleta, que perciben ciertas aves o las abejas o del infrarrojo, como lo hacen las serpientes de cascabel.

Finalmente, no podemos obviar un hecho muy evidente: en nuestros ojos se percibe el blanco de la esclerótica, sobre el que destacan de manera ostensible la pupila y el variado y apreciado color del iris. Esto no sucede en nuestros parientes primates más próximos. Es muy probable que la enorme sociabilidad de nuestra especie tenga mucho que ver con el hecho de haber desarrollado un ojo tan peculiar, que nos ayuda en gran medida a la expresividad de nuestra mirada. Cuando decimos que "los ojos son el espejo del alma" no estamos sino constatando el hecho de que utilizamos la vista para hacer llegar a los demás nuestras sensaciones y sentimientos.