La ciencia es la única noticia

El Sexolítico

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

Hace varias semanas, la sección de ciencias de este diario publicaba la noticia de la próxima inauguración (22 de septiembre) de una sugerente exposición en la Fundación Atapuerca sobre el sexo en el Paleolítico. Javier Angulo y Marcos García Díez son los comisarios de la muestra, que se ha basado en los datos de su libro Sexo en Piedra (Ed. Luzán 5, 2005). Es poco lo que sabemos del comportamiento de nuestros ancestros, pero se pueden realizar algunas inferencias a través de los elementos materiales encontrados en los yacimientos arqueológicos. Es el caso que nos ocupa.

Las investigaciones de Angulo y García sugieren que desde hace más de 25.000 años los miembros de nuestra especie hemos disfrutado de los placeres del sexo más allá de la reproducción. Es más, parece que la homosexualidad formaba parte de la cultura social del Paleolítico superior. Los objetos en piedra hallados en varios yacimientos europeos representan una evidencia muy clara sobre el derroche de imaginación de nuestros antepasados en la búsqueda de nuevas experiencias sexuales.

El sexo sin reproducción, incluida también la homosexualidad, forma parte de la etología social de los bonobos (Pan paniscus); pero estamos ante un comportamiento fijado en el genoma de esta especie de chimpancé, con el objetivo de disipar la agresividad y facilitar la sociabilidad de los miembros del grupo. Carecemos de evidencias arqueológicas sobre el comportamiento sexual de ardipitecos, australopitecos y parántropos. Para estos homínidos del Plioceno tendríamos que abordar la cuestión planteando hipótesis sobre su posible biología social, basadas en lo que conocemos sobre la relación entre sexo y comportamiento social de los simios antropoideos.

Tampoco se dispone de datos para las especies del género Homo anteriores a Homo sapiens. Cabe pensar que durante la mayor parte de la evolución del linaje humano el sexo estaba dirigido únicamente hacia la reproducción. Quizá esto no fue necesariamente así, pero intuyo que en todas las especies la búsqueda de recursos y la supervivencia ocuparían la mayor parte del tiempo de los grupos. El tiempo de ocio y el simbolismo plasmado en objetos decorativos y/o destinados a la búsqueda de los placeres sexuales parecen más bien propios de nuestra especie.

La homosexualidad pudo suceder en otras especies de Homo, pero únicamente los miembros de Homo sapiens hemos dejado constancia arqueológica de su existencia hace varios miles de años, mucho antes de que la moralidad de tantas y tantas culturas actuales pusiera veto a su práctica normal.