Opinión · Ciudadano autosuficiente

Tienes un demonio en tu garaje

Image by Andreas Lischka from Pixabay

Quien dice garaje, dice aparcado delante de tu casa. El demonio está dentro del vehículo que te costó una pasta y que te lleva de un lado para otro, y es su motor diésel. Esta clase de motor se inventó hace un siglo para aprovechar el combustible pesado derivado del petróleo, más barato que la gasolina y que permite hacer más kilómetros con la misma cantidad. El problema es que este tipo de combustible produce densas humaredas negras cargadas de micropartículas.

Tras un siglo de evolución, el motor diésel produce muchas menos partículas y óxidos de nitrógeno que su antepasado. Esto se ha conseguido gracias a dos parches: un filtro que retiene las partículas y a la inyección de un compuesto especial que evita la formación de óxidos de nitrógeno (la emisión de CO2 no ha cambiado mucho, en cambio).

El motor diésel va a ser prohibido por la misma razón por la que está prohibida la fabricación y venta de lámparas de incandescencia y fumar en los establecimientos públicos: porque es una tecnología primitiva muy ineficiente en convertir energía en algo útil (en este caso transporte) y porque es dañina para la salud, contribuye a provocar decenas de miles de muertes al año solamente en España.

Tú eres una buena persona y no quieres hacer daño a nadie, pero cada vez que te paseas con tu coche de motor diésel por las calles de tu ciudad estás contribuyendo al envenenamiento lento de sus habitantes (entre los cuales te incluyes). Los niños pequeños y los bebés en carritos, con sus vías respiratorias a poca altura sobre el suelo, son los que más sufren.

Aunque parezca mentira, los fabricantes de coches europeos no quieren dejar de fabricar coches con motor diésel. Es más, argumentan que “no hay que demonizar al diésel”. Proclaman que el diésel moderno cada vez contamina menos, lo que es verdad, a base de parches y filtros. Pero sigue contaminando, y mucho. Lo lógico sería dejar de fabricarlos, abandonar una tecnología que ya no da más de sí y empezar a fabricar electrodomésticos con ruedas, eficientes, limpios y silenciosos.

Pues eso no es lo que dice la industria. La industria europea del automóvil se ha inventado el concepto de neutralidad tecnológica, es decir, que da igual si el coche es eléctrico, de gasolina, diésel o de gas, mientras sea de emisión cero. Un diésel (o un coche de gasolina) de emisión cero es imposible, funciona a base de quemar combustible. La industria insiste en que los nuevos diésel son mucho más limpios. Pero siguen lanzando compuestos tóxicos a la atmósfera en grandes cantidades, y CO2.

Las nuevas normas europeas establecen un límite de 95 gramos de CO2 por km para los coches a la venta en 2021, para cada marca. Sorprendentemente, los fabricantes van a seguir fabricando coches de motor diésel, y van a conseguir cumplir el límite vendiendo unos cuantos eléctricos. Es un problema de fondo. Como recuerda Georges Monbiot en este artículo, la industria, los hogares y el comercio se están descarbonizando y electrificando a toda velocidad. El automóvil, no, ni de lejos: apenas un uno por ciento en los últimos años.

La industria no quiere salir de su zona de confort diésel y se niega a fabricar coches limpios en serio. ¿Y qué podemos hacer los ciudadanos, que necesitamos un transporte cotidiano? En cierto sentido estamos entre la espada y la pared. Si tenemos un coche diésel fabricado antes de 2006, pronto no podremos movernos por el centro de las ciudades, y después no podremos hacerlo por la ciudad entera. La solución que ofrece la industria es un diésel Euro 6 a 20.000 euros o un eléctrico a 30.000 euros .

Pero si nos compramos un diésel ahora, nos habremos comprado un engorro, un vehículo con un demonio dentro, que cada vez pintará menos en el mundo de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) 2030. No nos lo ponen fácil, y alguien debería tomar las decisiones correspondientes, como se hizo con el tabaco y con las lámparas incandescentes.

Jesús Alonso Millán

 

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