Opinion · Ciudadano autosuficiente

Cosas sencillas, pero efectivas, que podemos hacer para salvar al planeta (nada menos)

Las empresas tienen poco margen de maniobra, entre legislaciones cada vez más duras, accionistas que reclaman beneficios y tecnologías incipientes. Los gobiernos están atados de pies y manos por las presiones contradictorias de sus grupos de interés. Las cumbres climáticas no sirven para nada. ¿Qué nos queda? Muy sencillo, negarnos a colaborar con la destrucción acelerada de nuestro mundo. Y tenemos muchas maneras de hacerlo. Por ejemplo:

Cinco cosas que todos podemos hacer ahora mismo

Hace muchos años que estos consejos y recomendaciones forman parte de nuestra vida, en campañas formales, a través de internet, en las redes sociales o incluso cuando nos las recuerda algún cuñado. Últimamente las oímos como el que oye llover, pero la verdad es que son costumbres que, una vez adoptadas, nos permiten ahorrar dinero, mejorar nuestra salud e incluso salvar directamente a nuestro planeta. Ahí van los cinco clásicos.

Sacar menos el coche y, en general, desmotorizar tu transporte

Es evidente que, a la altura de 2019, si alguien saca a la calle un trasto tan ineficiente, caro, ruidoso y contaminador como un coche, es porque no tiene más remedio. Pero la verdad es que hay muchas opciones intermedias entre el coche y el caminar, y cada vez hay más. Puedes usar el coche para la mitad del trayecto, y el resto ir a pie o en transporte público. Puedes usar un coche eléctrico compartido, o un coche compartido con conductor (lo que viene a ser un taxi de toda la vida o un moderno VTC). Puedes emplear un patinete si la distancia es inferior a 12 km. O una bici eléctrica. O puedes vender tu viejo coche y comprarte un eléctrico pequeño. Las posibilidades para desmotorizar tu transporte son muchas, lo único que necesitas es pararte a pensar un momento en el trayecto que haces y las opciones que te ofrece.

No comprar residuos

En general no compramos residuos a sabiendas, pero en la práctica llevamos a casa montones de objetos desechables que se convertirán en residuos en cuestión de minutos o de horas. Por ejemplo, las bolsas de plástico y los envases de un solo uso. Es el resultado de la manera moderna de comprar, con las manos vacías. Entramos en los mercados con las manos metidas en los bolsillos y salimos con toda clase de envases de usar y tirar.

Para evitarlo, no tenemos más que ir pertrechados al mercado. Es decir, llevar todos los envases reutilizables que necesitemos para acarrear los alimentos, empezando por el práctico carrito de la compra. Si compramos los huevos a granel, una práctica huevera plegable de alambre nos será muy útil. Los supermercados comienzan ya a aceptar tápers y bolsas reutilizables llevadas por el cliente para envasar toda clase de productos perecederos. Tampoco debemos olvidar, en tiendas más tradicionales como las charcuterías, que no es necesario que el queso sea envuelto en plástico, papel de estraza y a continuación de nuevo en un plástico. ¡Nada más y nada menos que tres envoltorios para una cuña de queso!.

Exprimir el agua

Ahora que estamos en plena sequía, hay que recordar que malo sería no tener electricidad o transporte, pero que sin agua la vida es directamente imposible. Paradójicamente, se habla mucho de los coches o del recibo de la luz, pero muy poco del fluido vital. En España los hogares han mejorado mucho su práctica de consumo de agua, ahora se derrocha menos que hace dos décadas. Pero no se puede bajar la guardia, o tendremos desagradables restricciones la próxima sequía. Son pequeños gestos automáticos como cerrar los grifos, usar el agua sobrante de calentar el agua de la ducha en las plantas, etc.

Comer mejor

La ciencia moderna de la alimentación acaba de hacer un descubrimiento sorprendente: la mejor comida y la más sostenible es la que se cocina en casa, con recetas tradicionales, pero sin rechazar técnicas e ingredientes modernos. En resumen, la cocina de la abuela con quinoa y Termomix, que se podría llamar la cocina de los nietos.

En esta línea, todos podemos marcarnos algunos objetivos más concretos. Por ejemplo, multiplicar nuestro consumo de legumbres, alimentos cuasicompletos que contribuyen además a regenerar la tierra y reducir a poco más de cero el consumo de ultraprocesados (todo ese mundo de postres lácteos, cereales de desayuno, pastelillos dulzones, etc.). Tampoco es mala idea comprar menos carne, y elegirla de mejor calidad, a poder ser procedente de animales no torturados y bien alimentados.

Reciclar la energía

“Reciclar la energía” es un término algo exagerado, pero se puede usar para dar una imagen de la energía como un fluido muy valioso, que conviene desperdiciar lo menos posible y reutilizar lo más posible. Por ejemplo, colocando una placa reflectante detrás del radiador evitamos que el calor se pierda calentando la pared y lo “reutilizamos” enviándolo de nuevo al interior al interior de la casa.

Lo cierto es que cada vez hay más artilugios para reciclar literalmente la energía dentro de los hogares, algunos anecdóticos, como microturbinas en las tuberías del agua, y otros muy útiles, como recirculadores de calor en las calderas de agua caliente y calefacción. Estas técnicas, combinadas con un buen aislamiento de paredes y ventanas, permiten que las casas gasten muy poca energía y por lo tanto ahorren mucho dinero en las facturas correspondientes.

 

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