Ciudadano autosuficiente

Soluciones sostenibles: vivo lejos del trabajo y no quiero usar el coche, ¿qué puedo hacer?

Photo by Tommaso Pecchioli on Unsplash

El transporte es uno de los sectores que más trabas se encuentra a la hora de ser sostenible, debido principalmente a que la mayoría de los vehículos funcionan con motores de combustión. Sin embargo, la parte positiva es que cuenta con numerosas alternativas que pueden ser mucho más efectivas y ecológicas que el coche.

Si hablamos de sostenibilidad y eficacia, el transporte público ocupa la primera posición. Es capaz de movilizar a buena parte de la población de las grandes ciudades, con decentes frecuencias de paso y haciendo un uso óptimo del espacio -muchas personas en un mismo vehículo-, resultando en una huella de carbono mucho menor que el transporte privado. Sin embargo, la densidad de la red de transporte público aumenta según nos acercamos a las zonas céntricas y decrece según nos alejamos de ellas. El resultado es, que muchas de las zonas residenciales que se encuentran en la periferia -o un poco alejadas del centro- terminan quedando descolgadas de la red de transporte. Para trayectos puntuales es viable, pero cuando tienes que ir todos los días al trabajo haciendo tres o cuatro transbordos deja de ser tan apetecible. Este es un problema relativamente frecuente, gente que no quiere o no puede usar el coche -ya sea por motivos económicos o personales- pero que tampoco les compensa usar el transporte público. Una situación algo desafortunada pero que puede tener solución.

Hay cuatro factores fundamentales a tener en cuenta en los desplazamientos: la distancia, la condición física, el tiempo que estemos dispuestos a invertir en el desplazamiento y el dinero. Cuanto más en contra tengamos estos factores, más complicada va a ser nuestra tarea de desplazarnos. En cuanto a la distancia, partiremos de la base que los trayectos que queremos cubrir son de media y de larga distancia, ya que si fuese corta no tendríamos el problema de tener que realizar varios transbordos en transporte público. Para los trayectos de media distancia, supondremos que tienen aproximadamente entre 5 y 15 km (solamente la ida). Los de larga distancia serán aquellos desplazamientos con una longitud superior a los 15 km -estas cifras son orientativas, un trayecto de 15,5 km puede ser perfectamente un trayecto de media distancia-. Volviendo al tema principal, la primera alternativa de transporte es la bicicleta -sí, has leído bien-.

La bicicleta es un medio de transporte excelente para una distancia corta y media. Se pueden conseguir muy baratas de segunda mano, requieren de un mantenimiento muy escaso y permiten cubrir una distancia más que aceptable. Como es evidente, este medio de transporte requiere de un esfuerzo físico, sobre todo en ciudades con importantes desniveles. El tiempo que va a requerir que invirtamos durante nuestros trayectos es relativo, dependerá principalmente de la distancia y de la forma física que tengamos, aunque esta última es variable -es decir, cuanto más ejercicio hagamos, más mejorará y dejará de ser un inconveniente en algún momento-. Pero, ¿y qué pasa con los trayectos de larga distancia? Los trayectos de larga distancia -más de 15 km aprox.- van a ser un pequeño inconveniente para la bicicleta, puesto que no es lo mismo hacerte una ruta de 30 o 40 km el fin de semana, que tener que hacerlo todos los días para ir a trabajar. Pero ojo, si juntamos dos medios de transporte, puede que la bicicleta sí que sirva para trayectos de larga distancia. Sí, me refiero a la posibilidad de combinar la bicicleta y el transporte público en un mismo trayecto.

La mejor opción en este caso, es hacerte con una bicicleta plegable, ya que estas se pueden meter sin restricción en los autobuses convencionales y en toda la red de metro -aquellas que no sean plegables también podrán ir en el metro, aunque deberán respetar ciertas horas establecidas-. Para ello, lo lógico sería cubrir la parte del trayecto mejor comunicada mediante transporte público (es decir, aquella que se ciña más a nuestra ruta), y aquella que menos, en bicicleta. Esta fusión de métodos de transporte puede ser especialmente útil si solamente está mal comunicada una parte del trayecto.

Si todo el trayecto está realmente mal comunicado y es una larga distancia, puede que esta siga sin ser tu mejor opción. Sin embargo, si disponemos de un presupuesto mayor que el de una bicicleta convencional, podemos hacernos con una bicicleta eléctrica. Los precios empiezan en torno a los 500 euros, con autonomías de aproximadamente 30 km y con baterías extraíbles que se pueden recargar en 3 horas -según afirman algunos fabricantes-. De aquí va todo en adelante, más presupuesto significa una mayor autonomía -más de 100 km en modelos por encima de los 1.000 euros-, mejor calidad y mayor comodidad. Sin embargo, se debe tener en cuenta que pesan considerablemente más que una bicicleta convencional -en torno a 20 kg o más-.

Si todo esto sigue sin ser solución, ya que tenemos un trabajo que está considerablemente lejos, especialmente mal comunicado y queremos ser "eco-friendly", lamento decirte que tendrás que sacrificar el cuarto factor, el dinero. Si esto no es del todo un impedimento, puedes plantearte vender tu anterior coche y hacerte con un coche eléctrico o una moto eléctrica. Las motos suelen ser bastante más baratas que los coches, comenzando en torno a los 2.000 euros para una de ciudad y unos 5.000 para una que puede circular por autovía. Los coches eléctricos son considerablemente más caros, rondando los 20.000 euros los más baratos, siempre y cuando queramos hacernos con uno nuevo.

Otra opción muy interesante, sería el carpooling -compartir el viaje con otras personas- pero enfocado en viajes diarios. Esta modalidad de transporte, ha sido todo un éxito para viajes de larga distancia -por ejemplo, BlaBlaCar-, aunque algunas compañías están implementando esta misma idea para viajes del día a día. Es relativamente novedoso, pero ya hay algunas compañías en funcionamiento como Hoop Carpool, que ofrece un servicio de carpool en la ciudad de Madrid enfocado a desplazamientos cotidianos como de casa al trabajo y viceversa.

Cada alternativa de transporte tiene sus pros y sus contras, hay algunas más caras, otras requieren más tiempo de trayecto, otras esfuerzo físico, etc. Debemos seleccionar aquella cuyo "inconveniente" estemos más dispuestos asumir, ya sea económico -si tenemos dinero-, físico -si estamos en buena forma o lo disfrutamos- o temporal -si no nos importa invertir más tiempo en llegar a nuestro destino-. Como hemos visto, dificultades se pueden encontrar muchas, pero existen soluciones si realmente se quiere optar por una movilidad sostenible.

Lucas Peces Coloma