Un oficio que no solo lucra a proxenetas

LUZ SANCHIS

La aspiración de abolir la prostitución no es realista. Como se suele decir, lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible. Ningún gobierno ha cogido el toro por los cuernos. Solo parches. En algunas ciudades se multa a las que ejercen en la calle. Una forma de ilustrar la expresión “encima de jodida, apaleada”.

Mientras las putas callejeras tienen que pagar multas, el Ejecutivo limpia la vía pública y hace caja. También se lucra gracias a las que trabajan en clubes de alterne. El apaño beneficia a muchos, fundamentalmente, a los empresarios de estos locales con licencia de discoteca u hotel.

Los alcaldes dicen que luchan contra la explotación pero solo les importa la del centro, donde hay turistas. Asegurar que todas las prostitutas lo son porque se las obliga denota suficiencia moral. La de negar la voz a las únicas que pueden saber por qué una mujer se acuesta con alguien por dinero.