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De la política al éxodo venezolano: consecuencias de un sistema fallido

 

Por Cecilia Estrada Villaseñor (@CeciliaVillas)

Todos los análisis están elaborados. Las cábalas políticas en torno a lo que ha de ocurrir con Venezuela se hacen hacia un lado y otro del contexto político desde el que se aborde. Rojos o azules, neutrales, se pronuncian y dictan un veredicto.

Mientras todo este movimiento se desarrolla, desde que Chávez llegó al poder para ser luego sucedido por Nicolás Maduro y los habitantes del país perdieron la esperanza de sostener un determinado nivel de vida que les proporcionara algunas aspiraciones, muchos abandonaron el país. En algunas ocasiones se ha hablado de las personas y el sufrimiento que conlleva abandonar un hogar como consecuencia de estas políticas.

En los datos más recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con fecha del 11 de septiembre de 2018, los venezolanos presentan una situación cuasi catastrófica de hambruna, donde prácticamente el 10% (9,48%) de los 39 millones de habitantes está subalimentado, es decir, en situación de hambre. La misma FAO explica que gran parte del hambre de la región latinoamericana se explica por la progresiva desaceleración económica en la región.

En este sentido, en el que se dan las circunstancias de un país en descomposición, con toda ausencia de libertades políticas y civiles, donde dominan abusos, encarcelamientos sin ninguna garantía, y las ejecuciones según la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los DDHH están determinando que Venezuela, actualmente, sea uno de los cuatro expulsores de personas a nivel mundial, el Observatorio Iberoamericano sobre Movilidad Humana, Migraciones y Desarrollo (OBIMID), como parte del Instituto Universitario de estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas se ha dado a la tarea de realizar un análisis transversal sobre esta cuestión en Iberoamérica; que ponga en valor las vivencias de estas personas que han tenido que abandonar su país de origen en busca de un lugar donde poder mantenerse a salvo.

El estudio ‘El éxodo venezolano: entre el exilio y la emigración’ recoge esta cuestión, abarcando toda la región iberoamericana.

Solamente mostrando lo que se vive en origen, se puede demostrar una situación general. El estudio revela que, en muchos casos, los venezolanos buscaron salida en el extranjero, convirtiéndose este movimiento en el éxodo venezolano, que constituye en estos momentos uno de los desafíos más importantes, junto con Nicaragua, EL Salvador y Guatemala, para la comunidad iberoamericana en especial por el ámbito de movilidad humana que supone. Estos desplazamientos no se pueden comparar con ningún otro movimiento semejante en la región, dado que no ha existido tal.

Es la experiencia migratoria la que marca las vidas de todas estas personas que en algún momento tuvieron un país en el que deseaban vivir, trabajar, envejecer… Se echa en falta el análisis político que mida esta cuestión y que siquiera hable de ella: lo que viven una vez que estas personas abandonan el país.

Los emigrantes, exiliados y solicitantes de protección internacional venezolanos experimentan distintos escenarios. El primero de ellos es el fronterizo (terrestre), siendo Colombia y Brasil los principales aludidos en cuanto a estos movimientos humanos. Colombia se ha convertido en el tradicional trasvase de migración, dada la crisis de cada país. La cercanía, el coste -un poco más asequible en cuanto a la movilidad- y la facilidad documental dan cuenta de más de 600 mil personas según el informe sobre OIM en abril de 2018.

Registro de venezolanos en el mundo según el informe OIM de abril, 2018 (cifras aproximadas).
Registro de venezolanos en el mundo según el informe OIM de abril, 2018 (cifras aproximadas).

El segundo escenario es el de los países latinoamericanos que no tienen fronteras con Venezuela: Perú, Ecuador, Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay, Costa Rica, México, Panamá, República Dominicana y Uruguay. Los venezolanos han utilizado distintas vías de transporte para llegar a estos países.

El tercer escenario está en los países más distanciados, como Estados Unidos o España, que en datos de la OIM, son el segundo y tercer país de acogida de venezolanos.

La característica en términos demográficos es que es una población joven, en su mayoría entre los 29 y los 40 años, en edad de trabajar y con un equilibrio en cuanto a género.

De esta forma los venezolanos han utilizado dos vías de ingreso a los países receptores. Una es solicitando una autorización para residir; la otra es la de recurrir al asilo y refugio, siendo este último un recurso que comienza a generalizarse por parte de los emigrantes venezolanos, en especial cuando los Estados empiezan a poner trabas en la concesión de permisos y quieren tener una garantía de cara a su permanencia en los Estados receptores.

En cuanto a las etapas de la migración venezolana, en general se recogen cuatro. La primera y segunda se corresponde con una migración mayoritariamente vinculada al capital o muy cualificada. Una emigración que dio comienzo en cuanto a su movimiento en países como Argentina, República Dominicana, Panamá, España, México y Perú. (1994-2012)

La tercera etapa se lleva a cabo cuando la crisis se agudiza seriamente, sobre todo en 2015. Los desplazados comenzaron a presentar un perfil distinto, pues se recoge que tienen un nivel educativo menor y que sus recursos económicos son más escasos. Esta situación se corresponde con un mayor volumen de desplazamientos fronterizos debido a la ausencia de recursos económicos y a la situación de hambruna vivida en Venezuela, unida a la inseguridad social y jurídica. Esto también se asocia con las dificultades para salir del país con un pasaporte, dadas las distintas trabas burocráticas que impone el Gobierno venezolano, la corrupción imperante y los altos precios para la gestión del mismo. Y de igual forma, la reducción drástica de aerolíneas que vuelen desde Venezuela, por lo que la vía fundamental para desplazarse es la terrestre.

De esta manera, debe identificarse que las dos primeras etapas contaban con recursos suficientes como para hacer frente a una vida en el extranjero (recursos educativos, económicos, etc.) como para elegir destino. La última etapa claramente ha salido del país sin realizar un estudio del lugar al que querrían ir, libremente, sino más bien como un destino forzado.

Causas de esta emigración

En general los venezolanos manifiestan que las razones por las que emigran son económicas, sociales y políticas, en este orden. Anteponen la cuestión económica y las dificultades para conseguir un salario con el que pagarse los alimentos, dado que estos no son suficientes, no se encuentran las medicinas que necesitan. Otros resaltan la situación de inseguridad en todos los planos: inseguridad económica, personal, salarios insuficientes, inseguridad social y la violencia ejercida tanto por el Estado como por sus grupos parapoliciales como parte del Estado.

Se identifican en el estudio los factores que atraen y que los venezolanos encuentran en países a los que se dirigen. Por ejemplo, el Estado de derecho que les posibilita seguridad para moverse, tranquilidad, Estado de bienestar, que les proporciona fundamentalmente, salud y educación. La posibilidad de encontrar un trabajo remunerado que les permita una vida digna.

Asilo y refugio para venezolanos

En este análisis, sobresale que los países estudiados son reticentes a proporcionar asilo y refugio a los llegados a su suelo en general. Se observa así, a cuenta gotas, que han ido dando pequeños pasos países como Perú, México, Chile, Uruguay y España.

Las funciones de las redes sociales de venezolanos en el país de origen y el receptor son fundamentales para su incorporación al mercado laboral. Estas redes sociales se convierten así en un factor de protección y de cobertura social, material y personal en el proceso.

En cuanto a la inserción laboral, está claro en este estudio que los venezolanos que han llegado a los países estudiados tienen un nivel alto de formación. Un importante número de licenciados, con maestría y doctorados. Esta migración cualificada está centrada en la estrategia de progresar profesionalmente. Sin embargo, la incorporación laboral en el mercado de trabajo de los países receptores depende de varios factores: capital humano, documentación que les posibilite ser contratados, capital social (redes sociales de inmigrantes y autóctonos), así como las características del mercado laboral que les acoge. Insertándose en la mayoría de los casos a empleos precarios.

En este contexto, el éxodo supone un desafío para todos, y dado que aún no está clara la cuestión política y diplomática que determinará el camino que Venezuela ha de tomar, se deben seguir construyendo caminos para que esta sociedad venezolana en el exterior pueda desarrollarse e integrarse de forma exitosa.

Este éxodo es un desafío para un sistema de migraciones iberoamericano, y ya hay un antes y un después de la crisis humanitaria venezolana en cuanto al funcionamiento de dicho sistema.

Cecilia Estrada Villaseñor es coautora del capítulo de conclusiones y análisis transversal del libro ‘El éxodo venezolano: entre el exilio y la emigración’ y coordinadora de la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos del IUEM de la Universidad Pontificia Comillas.