Opinión · Con M de

Roma, México y el cine, derribando muros

Foto: Netflix.
Foto: Netflix.

José Aragón (@sejoluis)

El barrio Roma en Ciudad de México es el escenario en el que Alfonso Cuarón recreó su más reciente película, inspirada en su infancia y en los recuerdos que de ella aún conserva -o que logró rescatar junto a sus familiares y amigos-. El cineasta le ha regalado al mundo una obra maestra, de profundo significado social.

Roma es en sí misma una oda a la diversidad humana, una reivindicación al trabajo más importante de todos: el de sostener un hogar. Cuarón ilustra de manera magistral la importancia de las trabajadoras domésticas en el desarrollo de la vida de gran parte de nuestra sociedad occidental. La película es no solo un acierto cinematográfico, sino un acierto discursivo en la búsqueda por visibilizar a aquellos que han estado bajo la sombra de una sociedad clasista y racista.

La historia es un homenaje a la mujer y a su papel en nuestra sociedad, reivindica el trabajo del cuidado del hogar, el acompañamiento en la infancia, así como lo invaluable del desarrollo de estas tareas. Pone en valor la grandeza de la humanidad, más allá del color de piel, de las creencias, de la sociedad misma. Cada momento nos recuerda que es más lo que nos une, que lo que nos divide.

El director logra un filme histórico, necesario para entender la sociedad mexicana, la sociedad latinoamericana, el clasismo endémico dentro de un continente colmado de raíces pluriétnicas, muestra con profundidad visual la grandeza del corazón de los olvidados. La historia es una bitácora emocional del propio creador, que recopila los recuerdos que se exponen a lo largo de la película.

La prensa especializada, Hollywood y la industria fílmica en su conjunto se rinden ante Yalitza Aparicio, una novata actriz mexicana de origen indígena, en una película dirigida por un mexicano, filmada en México y realizada en su mayoría por mexicanos. Cuarón pone en el centro de la cinematografía mundial un contradiscurso frente a quienes hoy aún piensan que el color de piel, la lengua o el lugar de nacimiento determinan por siempre nuestra posición en el mundo.

La historia también ha causado polémica en México por los comentarios racistas que figuras públicas han hecho sobre la protagonista. Algunos se han referido a la actriz como “pinche india”. Muchos no soportan que una mujer indígena esté en el centro de los reflectores de la prensa mundial y que además sea la primera mexicana en optar por un Óscar a mejor actriz.

Roma es el fenómeno cinematográfico del momento y ha permitido a Cuarón y a parte de su equipo viajar por diversos festivales de cine, así como a las premiaciones de mayor reconocimiento de esta industria a nivel global. Además, se trata de la primera película de una plataforma digital (Netflix) en ser nominada a un Óscar, y es también el primer filme en español en obtener una nominación en la categoría de mejor película.

La historia llega en un momento relevante para el mundo, en tiempos de incitación desde algunos sectores mundiales a la división, a erigir muros, a deportaciones masivas, de odio al diferente, al migrante, al que tiene costumbres distintas a las propias. La película reconforta, cumple la función de recordarnos la importancia de lo humano, ese valor supremo que nos iguala a todos y a todas.

Para el directorla película le resulta chocante en algunos momentos, pues le recuerda su comportamiento, así como el de su familia con su nana (Libo), en el que permitieron que el muro de la jerarquía social se interpusiera al amor.