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Reflexiones postelectorales: No podemos caer en la autocomplacencia

Por Poder Migrante (@MigrantePoder)

Tomamos como punto de partida que, una vez más, se nos sigue negando el derecho al voto para responder en las urnas los discursos de odio anti-inmigrante. La mayoría de partidos, programas, políticas y discursos sobre migración nos siguen considerando objetos, infantes, incapaces de tomar decisiones propias. No deberían continuar despreciándonos, especialmente cuando representamos el diez por ciento de la población, cuando varios escaños todavía están en juego y, precisamente, el voto migrante está siendo decisivo.

Durante las campañas electorales, observamos un doble discurso entre el mensaje que los políticos decían en medios de comunicación y lo que sus programas electorales decían realmente: mientras unos decían que “solo querían inmigración segura, ordenada, legal”, en sus programas electorales sus amenazas hacia nosotras y nuestras familias eran, sencillamente, vomitivas. Mientras unos decían que eran respetuosos con los derechos humanos, en sus programas ni siquiera había una sola medida para mejorar las condiciones de vida de las personas migrantes.

Tomemos por caso el programa electoral del PSOE, en el que encontramos que, por un lado, propone eliminar el voto rogado de las personas emigradas, pero no hace mención alguna sobre el derecho al voto de las personas migrantes que vivimos aquí desde hace décadas. Ni siquiera pone los medios para que quienes sí tienen el derecho lo puedan ejercer con toda garantía.

En sus propuestas, las cárceles de migrantes (CIE), las vallas y fronteras, no constituyen violación alguna de los derechos humanos. ¡Ni siquiera lo mencionan! El Mediterráneo, Ceuta y Melilla, desmantelar los siete CIE, la persecución policial y los controles racistas no son su prioridad. Tampoco nos sorprende. Lamentablemente, venimos viendo cómo sus prácticas dejan muchísimo que desear.

En resumen: no observamos que hayan cambios sustanciales en las políticas migratorias para los próximos años. Vemos más bien continuismo de la visión del racismo desde la moralidad, del discurso “buenista”, y en la práctica una visión de las migraciones desde el “control” sobre nuestros cuerpos, vidas y fronteras donde somos una “amenaza” para la “seguridad” del país. He aquí la importancia de leer el contenido de los programas electorales.

El odio no ha muerto, no podemos caer en la autocomplacencia

Vemos también cierta euforia porque, en apariencia, se ha logrado “vencer” al odio. No negamos que es una buena noticia que el odio no logre formar gobierno… Aún. Pero a la vez decimos: la hidra racista y fascista no ha muerto, solo está aturdida. Ninguna de sus cabezas ha sido cortada. No podemos caer en la autocomplacencia porque, de hecho, volverá con fuerza.

Esto es verdaderamente grave. Porque los discursos de odio racistas están ya diseminados y normalizados. Los racistas se sienten legitimados para agredirnos con violencia en las calles, lugares de empleo, de estudios, en lugares públicos, en el transporte y hasta en nuestros hogares. Ahora también los seguiremos escuchando en las instituciones públicas y en el mismísimo Congreso, haciendo políticas que destruyen nuestras vidas.

Por eso es gravísimo escuchar declaraciones irresponsables como las de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena que, desde el privilegio y la equidistancia, blanquea al fascismo considerándole mera “disidencia”. Que no le preocupa porque “en democracia cabemos todos”. Es una aberración normalizar y blanquear de tal manera al fascismo. Todo lo contrario: no podemos dejar de llamar las cosas por su nombre. Es prioritario hacer un trabajo de contención para derrumbar y echar al odio fuera de las instituciones antes de que termine consolidándose. Nosotras estamos haciendo lo mismo en las calles.

Lo alertaba la exdiputada Rita Bosaho en sus reflexiones: “La entrada de la extrema derecha en las instituciones es una anomalía de los mismos procesos democráticos y estamos a tiempo de revertir esta situación con todos los instrumentos del Estado de Derecho, por lo que hemos de estar atentas en la lucha. Porque el retroceso de nuestros derechos como mujeres, y el odio al diferente, no deben formar parte de nuestra democracia, ese ha sido el mensaje que nos han demostrado en las urnas y deberíamos hacer el esfuerzo en materializarlo.” .

Por ello, preguntamos: ¿Será prioridad para el próximo gobierno introducir la visión y lucha antirracista y antifascista a las instituciones? ¿Cuánto más hay que seguir esperando?

Representación y compromiso reales, también en el terreno político

Ante este panorama es necesario continuar nuestra lucha por nuestra representación y compromiso reales en el terreno político. En este sentido, damos nuestro reconocimiento al hecho de que personas migrantes racializadas comprometidas con la lucha antirracista decidieron dar un paso adelante también en los espacios políticos pese a los obstáculos que encontraron en su camino. Saludamos a quienes han logrado escaños en el Congreso, Senado y otras instituciones. Les apoyamos en la medida que nos demuestren con hechos sus avances para derribar el racismo estructural, pero también señalaremos cuando no lo hagan.

Porque advertimos: que una persona migrante llegue al poder político no significa necesariamente que ese poder se ponga al servicio de las personas migrantes. Ocurre igual que lo que pasa con mujeres en altos cargos de poder político o económico: nada garantiza que su presencia allí suponga avances en relación a la igualdad de género.

Nuestra responsabilidad colectiva es hacer seguimiento a esos avances, observar y verificar las acciones y propuestas de estos diputados y senadores  mientras les presentamos iniciativas acordes con su mandato, y la responsabilidad de ellos es rendir cuentas de su trabajo. Tenemos que ser capaces de fiscalizar y controlar el poder que hemos otorgado para que actúen en nuestro nombre. A pesar de no ser ciudadanos de pleno derecho, sí podemos ejercer como sujetos políticos activos de todos los procesos, leyes, iniciativas y acciones que se emprendan en relación con las personas migrantes.

Por tanto no nos autocomplacemos con que algunos de los nuestros hayan llegado a tocar el poder y formen parte de sus estructuras.  Exigimos que utilicen ese poder para transformarlas. Para lograr poner en la agenda política nuestras reivindicaciones.

Las redadas por perfil étnico, clara muestra del racismo institucionalizado. El trabajo de cuidados y del hogar al que están relegadas en condiciones de explotación la mayoría de mujeres migrantes que llegan a este país. Que se ponga en agenda política el cierre de los CIES como cárceles que criminalizan el derecho a migrar y condenan a personas sin ningún delito a vivir en condiciones infrahumanas. Que se hable del acceso a la vivienda y las dificultades añadidas que tenemos de acceder a ella. Que se hable del derecho al voto como un derecho por vecindad y no como un derecho de reciprocidad que deja a merced de las buenas relaciones de dos gobiernos de turno un derecho fundamental. Queremos que quienes han llegado al poder reivindicando las demandas de las colectivas migrantes efectivamente las lleven a los grupos de poder y eleven la voz para que las nuestras sean escuchadas.

Desde Poder Migrante, no podemos terminar estas reflexiones sin dar también nuestro reconocimiento al gran trabajo de colectivos como Cede tu voto, Somos Migrantes, Tanquem els CIE, Comisión Migración y Antirracismo 8M, Sindicato de Trabajadoras del Hogar,  Marea Granate, Frente Migrante, y tantos otros. He aquí la importancia de la organización colectiva para vigilar y fiscalizar el poder mientras se sigue denunciando las prácticas racistas institucionales y estructurales. Este es un trabajo que es parte de nuestra Agenda política antirracista colectiva.

Poder Migrante es un espacio compartido de activistas y colectivos migrantes que busca crear conciencia y movilización contra el racismo estructural, los discursos y políticas xenófobas antiinmigración que criminalizan a las personas migrantes.