La guerra en Siria sigue cebándose con los periodistas

Fotografía de las redes sociales de Hüseyin Hattab, periodista asesinado en Siria

Okba Mohamad (@okpazobany)

  • Desde el inicio del conflicto en Siria, del que se cumple una década, uno de los objetivos a batir  son los periodistas que intentan informar sobre el terreno
  • El periodista Abu Ubaida investiga sobre cómo se relacionan la política y la corrupción en el país: "Recibí varias amenazas por Facebook diciendo que mi destino sería una bala"

En marzo se cumplen 10 años desde el momento simbólico que prendió la Primavera Árabe en Siria cuando un grupo de jóvenes pintaron "es tu turno, doctor" en una pared de Daraa, al sur del país, en referencia al dictador Bashar Al Assad, oftalmólogo de formación. Al Assad respondió con una estrategia de represión sin precedentes y los autores de la pintada fueron torturados.

Lo que ocurrió después ya es mundialmente conocido: manifestaciones masivas en todo el país, fuego a discreción por parte del Gobierno sirio y una escalada de ataques que derivó en una guerra sin cuartel que ya ha causado más de 387.000 muertes, de las que 117.000 son civiles y 21.000 son niños, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (SOHR, por sus siglas en inglés).

Siria ya no ocupa las portadas internacionales con la frecuencia de antaño, pero la cifra de defunciones sigue en aumento. La de heridos, también. Desde el inicio del conflicto hasta el presente, uno de los objetivos a batir  son los periodistas que intentan informar sobre el terreno. El interés por silenciar a los profesionales de la información ha ido en aumento en las últimas semanas. El más reciente ha sido el sufrido por Bahaa al-Halabi, corresponsal del canal independiente Syria TV.

El pasado 6 de enero, Bahaa se encontraba en su coche para regresar a su casa en la ciudad de Al-Bab, a 40 kilómetros de Alepo, cuando de repente escuchó el ruido proveniente de una ametralladora Kalashnikov. Tres balas impactaron contra su cuerpo. Una en su mano, otra pasó cerca del corazón y la última en el pie izquierdo.

En el hospital se descubrió que las balas, como relataría el periodista a posteriori, eran explosivas. Fruto de la detonación, Bahaa sufrió fracturas en varios huesos también.

El periodista Bahaa al-Halabi tras el atentado

No disparen al mensajero

Bahaa es el último periodista víctima de ataques en Siria. En las últimas semanas, la lista siguió creciendo bajo una modalidad cada vez más frecuente: los asesinos y agresores no reivindican los ataques, sino que se esconden.  La ciudad de Al-Bab ha sido testigo de una serie de asesinatos a manos de desconocidos. A mediados de diciembre Hossein Khattab, periodista sirio del canal turco TRT, estaba preparando un informe sobre las personas desplazadas en Al-Bab y sus condiciones de vida en plena pandemia cuando desde un coche dos encapuchados le dispararon. Hossein recibió 10 tiros y no pudo contarlo. No era la primera vez que el periodista recibía amenazas o había sufrido intentos de asesinato.

Otro caso reciente es el del corresponsal del canal Aleppo Today, Malik Abu Ubaida, de 23 años. Cuando se encontraba acompañado por el periodista Imad al-Basiri, unos desconocidos colocaron un artefacto explosivo en su coche. El artefacto fue desactivado por la policía y no llegó a explotar. Entrevistado para este mismo medio, Abu Ubaida explica que en ese momento "estaba trabajando en un documental llamado Border Deals (‘asuntos de la frontera’), que revela el contrabando de ganado entre las áreas de influencia de la oposición, las Fuerzas Democráticas Sirias (QSD) y el régimen sirio". Abu Ubaida había sido avisado previamente por fuerzas militares de la oposición de que si no dejaba de lado el documental, sería demandado y perseguido.

Esta no es la única vez que el periodista ha sufrido ataques por su controvertido documental. "Recibí varias amenazas de muerte a través de cuentas falsas de Facebook en las que me decían que si no eliminaba mi película, mi destino sería una bala", relata Abu Ubaida. Este periodista también ha sido sometido a intento de secuestro por parte de varios hombres armados. Abu Ubaida cree que los intentos de asesinato y secuestro que sufren él y otros informadores en Siria se deben a sus trabajos e investigaciones sobre cómo se relacionan la política y la corrupción en el país.

Una ciudad sin seguridad

Al- Bab vive en este momento un verdadero caos en materia de seguridad. Cada día es más común observar explosiones de automóviles y motocicletas, además de artefactos que se detonan a distancia. También lo son las muertes de activistas y periodistas. Mientras tanto, el aparato de seguridad de la ciudad es incapaz de garantizar la protección de estas y otras personas.

Según el SOHR, la última explosión de un coche bomba dejó al menos 14 civiles muertos y decenas de heridos. Un oficial de Al-Bab que accede a hablar bajo anonimato asegura –sin aportar pruebas– que quienes están detrás de estos ataques son las organizaciones kurdas del PKK y el YPG, que tienen su sede en las ciudades cercanas de Manbij y Tal Rifaat, además de las células afiliadas al ISIS que operan en la región. El mismo oficial leal al régimen opina que estos ataques no solo tienen como objetivo a los periodistas, sino que han causado la pérdida de 20 policías de la ciudad.

Vivir para contarlo 

Después de los tres disparos que impactaron su cuerpo, al-Halabi fue trasladado al hospital, donde fue operado de urgencia. Tras cuatro días entre camillas y con un alto riesgo de muerte, tuvo suerte. Según apuntaron los médicos del centro, sigue vivo de milagro.

Cuatro días después del tiroteo, al-Halabi llegó a su casa entre vendas y cabestrillo y fue recibido por su familia, amigos y compañeros periodistas con alegría y canciones. Todos celebraron que haya sobrevivido a una muerte casi segura pero saben que puede tratarse de un golpe de suerte momentáneo. Nada apunta a que los ataques contra periodistas vayan a cesar a corto plazo.

En este contexto de inseguridad, 35 periodistas decidimos huir de Siria en diciembre de 2018 con la ayuda de Reporteros Sin Fronteras (RSF)  y del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) . Algunos viajaron a Alemania, otros a Francia. Los restantes residimos actualmente en España y hemos decidido poner en marcha nuestro propio medio de comunicación. La violencia en Siria afecta por completo a nuestro trabajo, pero el compromiso de los periodistas sirios con el derecho a la información sigue vivo.

Joseba Torronteras colaboró en la edición de este artículo