Con negritas

El quebradizo liderazgo de Díaz Ferrán en CEOE

Si albergaba la esperanza de que el traspaso de Marsans a un liquidador profesional de empresas le permitiría recomponer su liderazgo como presidente de la patronal, GERARDO DÍAZ FERRÁN tiene motivos para sentirse decepcionado. El que hasta hace poco fue uno de los mayores grupos turísticos de España ya no es asunto suyo ni de su socio de toda la vida, GONZALO PASCUAL; pero el pasado les persigue y con toda probabilidad aún lo hará durante bastante tiempo.

Prueba de ello son los gruesos cascotes que, pese a haberse alejado ambos de la fase final de la demolición de su antiguo imperio, continúan cayéndoles encima. Este verano han sido objeto de un embargo por importe de 37,6 millones para hacer frente a las responsabilidades derivadas de la gestión de Air Comet. Las principales compañías aéreas han denunciado una supuesta apropiación indebida de Marsans al final de su mandato. Y, días atrás, Díaz Ferrán dio plantón al juez que entiende una de las causas instruidas contra él por impago de salarios.

Nada tiene de particular, pues, que la incomodidad con la situación de su presidente siga siendo fuente de desasosiego para muchos dirigentes de la CEOE, aunque de momento no se haya traducido en un movimiento amplio para descabalgarlo del cargo. Antes al contrario, algunas propuestas de calado hechas recientemente por Díaz Ferrán han obtenido un respaldo mayoritario, entre otras la designación de JOAN GASPART al frente del poderoso Consejo de Turismo, en sustitución de Gonzalo Pascual.

Este dimitió tras la venta de Marsans, al quedarse sin cobertura para capitanear el organismo representativo de una actividad en la que ya no toma parte. Díaz Ferrán, al que hace meses le pidieron que se marchara empresarios muy significativos del sector turístico, no ha querido correr riesgos y para relevar a Pascual ha optado por un hombre de confianza procedente de la patronal catalana.

No en vano, el presidente de Foment del Treball, JOAN ROSELL, se ha convertido en uno de los valedores de Díaz Ferrán, aunque puede tratarse de una actitud puramente táctica de cara a la sucesión, que se le complicará inevitablemente si triunfan quienes, dentro de su propia casa, pretenden moverle la silla.