Opinion · Contraparte

El cielo se toma por consenso, no por asalto

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Grupo Promotor de Ahora en Comun*

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Al igual que sucedió el pasado mes de mayo, hoy vuelven a sonar las campanas de la confluencia, pero en esta ocasión por el duelo de las oportunidades perdidas. Muchos han recordado la idea de la confluencia que animó las candidaturas municipalistas. Se trataba, como ya ocurrió en Barcelona, Coruña, Cádiz, Madrid, Zaragoza y muchas otras ciudades, de construir una candidatura capaz de alcanzar el gobierno del Estado y de tomar, por una vez, el cielo por consenso.

Pero ¿a qué tanto revuelo, acaso no han sido espectaculares los resultados de Podemos? Al analizar los datos electorales, se deduce que “en confluencia” y “en consenso” podrían haber sido mucho mejores.

Para probar esta afirmación partimos de dos hipótesis. La primera arranca del caso de que en esa candidatura de confluencia hubiera participado Izquierda Unida y sus agrupaciones autonómicas; y que también los partidos Mes y Nos (BNGa) se hubieran sumado en Baleares y Galicia, respectivamente. La segunda considera el supuesto de que las sumas no son aritméticas, pero que para simplificar los datos conviene obviar los efectos negativos, y sobre todo positivos, que hubiera tenido una confluencia de marcado protagonismo ciudadano. En otras palabras, consideramos que los datos que se ofrecen son todavía conservadores.

Pues bien, de acuerdo con estas premisas, surge un paisaje electoral revelador. El PP habría visto disminuir sus asientos en el Congreso de 123 a 116, un total de 7. Ciudadanos habría conseguido cinco escaños menos, el PSOE cuatro y el PNV uno. A su vez, la Confluencia-Podemos habría obtenido 19 diputados más, 17 por sinergias entre los restos de Hondt en las provincias y dos por los ya logrados por IU-UP. La confluencia sería además la segunda fuerza en votos y escaños: 24,75 % de los votos y 88 escaños frente a los 22,01% de votos y 86 escaños de PSOE.

Los nuevos diputados se hubieran logrado en las circunscripciones de Albacete, Granada, Jaén, Sevilla, Zaragoza, Teruel, Baleares, Las Palmas, Guadalajara, Ciudad Real, Murcia, Araba, Bizkaia, A Coruña y Pontevedra. El mapa electoral resultante se teñiría de morado en Baleares, las Palmas, Bizkaia y Valencia, donde además de Barcelona y Tarragona, la confluencia sería primera fuerza. En un hipotético pacto post-electoral con el PSOE, se sumarían 174 escaños, únicamente a dos de la mayoría absoluta.

Grafico comparacion

De otra parte, es preciso reconocer que los mejores resultados de las fuerzas del cambio se han logrado allí donde se han producido estas confluencias y en las que el protagonismo ha tenido un marcado carácter ciudadano que se ha tomado “prestado” de los pasados éxitos de las candidaturas municipalistas. Así en Catalunya, la fuerza mayoritaria ha resultado ser En Comú Podem, al tiempo que el PSC se desplomaba y Convergencia perdía la mitad de sus escaños en favor de ERC y los once del PP de la pasada legislatura se repartían con C´s. El éxito de la candidatura encabezada por Colau ha residido no sólo en su capacidad para atraer a antiguos votantes de otras formaciones (principalmente socialistas), sino también al aumento de la participación y la captación de anteriores abstencionistas.

Grafico catalanas

En Galicia, la candidatura unitaria En Marea, inspirada claramente en los éxitos de Coruña, Ferrol y Santiago, obtiene un resultado excelente con 6 escaños, siendo fuerza mayoritaria en algunas las principales ciudades, incluida Vigo. En paralelo, el PP, que sigue siendo la fuerza mayoritaria, se ha despeñado, perdiendo cinco escaños, de los que sólo uno ha pasado a Ciudadanos. De nuevo aquí, la participación ha sido mucho más alta que en 2011, pero como en el caso anterior ha sido En Marea quien ha captado la mayor parte de ese nuevo voto.

Por último en Valencia, la candidatura unitaria Podemos-Compromís, que ha obtenido más del 25% de los apoyos y 9 escaños, ha surgido como la principal fuerza en el área metropolitana de Valencia. El PP, todavía mayoritario en la autonomía, ha perdido sin embargo la mitad de sus escaños, al tiempo que el PSOE acumulaba otros tres.

Si reconocemos, como parece, que la inspiración de las confluencias municipalistas ha sido clave en estos resultados, conviene recordar cómo se logró el éxito del pasado 24 de mayo. Se trató de un esfuerzo colaborativo en el marco de un proceso democrático y unitario que incluyó a movimientos sociales, fuerzas políticas alternativas, partidos locales, federaciones de IU y círculos de Podemos. Este trabajo conjunto se produjo en un marco de igualdad y de democracia interna, lo que facilitó la participación de personas con una legitimidad local reconocida, personas la mayor parte de las veces no vinculadas a los partidos tradicionales. El trabajo, la democracia y la ilusión logró ese milagro que consiste en que lo que faltaba en medios materiales se supliera con esfuerzo colectivo y entusiasmo.

Los 88 escaños que se hubieran logrado con la mera reunión del voto de Podemos e IU el pasado 20D responden, no obstante, a unas expectativas conservadoras. Como se ha avanzado, existe un efecto multiplicador difícil de ponderar pero que se puede intuir por la capacidad de arrastre que tuvieron las candidaturas municipalistas más exitosas del pasado mayo. De hecho, en unas elecciones generales es previsible que este efecto sea aún mayor, como muestran las confluencias Valencia, Catalunya y Galicia. Y esto por dos motivos: de un lado, la mayor trascendencia política que tiene la elección del Parlamento y, de otro, la constatación de que se puede lograr el gobierno, tal y como se demostró en las pasadas municipales. No debemos olvidar que las elecciones de mayo fueron una prueba de fe y de ilusión. Ahora sabemos que “si se puede”, y que bastaba abrir ese proceso de confluencia para que se hubieran movilizado fuerzas insospechadas en la pasada campaña.

De todo lo dicho, se puede extraer una lección fundamental: tenemos que activar la autorganización local a fin de afrontar el siguiente ciclo electoral. Debemos superar los estrechos intereses partidarios y exigir a los partidos que se plieguen a la necesidad conformar una candidatura unitaria. Debemos trasladar a las cúpulas de los partidos la certeza de que sus días de acción al margen de la gente han llegado a su fin. Debemos promover una candidatura unitaria, levantada mediante un proceso que cuente con amplia participación ciudadana, democrática y horizontal.

Por todo ello, hacemos un llamamiento a la responsabilidad, a las bases de todas las fuerzas del cambio y a la ciudadanía en general, para no perder otra oportunidad como la del pasado 20 de diciembre. Para ganar es preciso reconocer los errores pasados y sobre todo es necesario hacer las las cosas En Común.

 

* El llamado Grupo Promotor de Ahora en Común impulsó esta iniciativa el pasado mes de julio, redactó el manifiesto original y recogió las primeras firmas. Se retiró de Ahora en Común en el mes de septiembre cuando la iniciativa ya parecía descarrilada de los cauces originales, sometida a la negociación, finalmente infructuosa, entre Podemos e IU.