Opinion · Contraparte

Abrir Madrid: derechas, izquierdas y los nuevos rumbos del municipalismo

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Pablo Carmona Pascual (@pblcarmona)
Concejal de en el Ayuntamiento de Madrid

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Los resultados de VOX en Andalucía obligan a hacer un balance detallado de la situación en la ciudad de Madrid. En el año 2015 esta formación política sacó algo menos de 10.000 votos en las elecciones municipales, la misma cifra que hubiese necesitado Esperanza Aguirre para ser alcaldesa. Pero también es cierto que VOX ha tenido en Madrid una creciente intención de voto.

Por este motivo, de cara a mayo de 2019 debemos preguntarnos ¿qué cambios introduce en la capital la irrupción de VOX? ¿Qué significa para nuestra ciudad? En primer lugar, no debemos olvidar que VOX es un epifenómeno del Partido Popular madrileño, aquel que siguiendo los pasos del aznarismo más rancio y de las revueltas neoconservadoras durante el primer gobierno de Zapatero, hicieron de Madrid el primer banco de pruebas de una derecha que amenazaba con tirarse al monte.

Sin embargo, entre 2011 y 2015 este ensayo derechista quedó truncado. La crisis, la conquista de las plazas y el empuje político del 15M barrieron de un plumazo a la derecha madrileña. La corrupción y la presidencia de Rajoy harían el resto, dejando fuera de combate a dos generaciones de líderes del PP nacional y madrileño. Las consecuencias a nivel electoral en Madrid fueron inmediatas. En las elecciones de 2011 el PP perdía más de 120.000 votos que sólo en parte –no más de 40.000–, acabaron por engrosar el voto de UPyD. Al menos 80.000 votantes fidelizados por la derecha en años anteriores, habían quedado a la deriva.

Con este dato en la mano, las maquinarias comunicativas y políticas que en su día empujaron a las huestes aznaristas y neoconservadoras, empezaron a barruntar una nueva hipótesis. El PP estaba amortizado, era el momento de buscar alguna alternativa. La activación de Libertad Digital y OKDiario, la reaparición de HazteOír o las últimas manifestaciones de la Fundación DENAES que congregó el pasado 1 de diciembre a cerca de 15.000 personas, han caminado en ese sentido. No debemos olvidar que en aquellos primeros años del gobierno Zapatero, los neocon se movilizaron contra la ley de matrimonio homosexual, el aborto, la memoria histórica y en favor de los discursos conspiranoicos sobre los atentados del 11M. Movilizaciones y movimientos tácticos que obligaron incluso al Partido Popular a ir más allá de lo que el propio aparato del partido estaba dispuesto, forzando rupturas importantes que han sido el argumentario central de las últimas primarias que disputaron Soraya y Pablo Casado.

Años después, la ruptura se ha consumado con la consolidación de VOX. Apoyado en esta revuelta por la derecha -incluyendo ahora una buena dosis de imaginario franquista-, la cuestión catalana y la oposición frontal a los ejes culturales y políticos de la izquierda, empezando por el pujante movimiento feminista, han logrado adelantar por la derecha incluso a Pablo Casado. Ahora mismo para VOX ese Partido Popular que firma declaraciones en favor de los derechos de los movimientos LGTBI y apoya mociones feministas en los plenos municipales no es más que un pelele de la “ideología de género” y de la “rendición de los valores centrales de la patria”.

Como consecuencia de este proceso, la derecha ha encontrado en la diversidad de opciones la receta necesaria para reconstruir la ilusión de su electorado. Con un Partido Popular que no deja de ceder posiciones pero sin llegar a desplomarse definitivamente y con Ciudadanos electoralmente al alza, lo más lógico es que el arco derecho madrileño se acerque de nuevo en 2019 a su techo electoral de los 850.000 votos. Esto mientras VOX acapara los votos más extremos y deja a Ciudadanos un ancho territorio en el centro derecha.

Las derrotas de la izquierda y el final del quincemayismo.

De cara a 2019 las posibles comparaciones con 2015 son realmente complicadas. Si en aquel momento el salto electoral de nuevos actores y fuerzas surgidas del 15M eran el principal impulso de cara a derrotar al PP, hoy los desgastes producidos por el gobierno de Ahora Madrid y la falta de un proyecto colectivo, aparecen como los primeros síntomas del divorcio entre los sectores más activos de los movimientos sociales madrileños -quienes impulsaron el proyecto municipalista-, y el gobierno de Más Madrid.

Incluso en 2015, cuando asistimos al momento álgido de Podemos, el pico de ilusión generada por los procesos municipalistas y la resaca de los movimientos del 15M, Madrid no alcanzó los techos de voto de la derecha. En aquellas elecciones, la suma de Ahora Madrid, PSOE e IUCM alcanzaron la cifra histórica de los 796.000 votos, mientras la derecha se quedaba en los 759.000 votos a más de 120.000 de sus mejores resultados de 2007.

No cabe duda de que las elecciones de 2015 contaron con el fenómeno de Ahora Madrid, una propuesta electoral que, por su diversidad y su implantación en la ciudad, atrajo el voto de muchas de las zonas grises del electorado madrileño. Por un lado, la construcción de la figura de Manuela Carmena hizo que más de un 27% del electorado que votó al PSOE en la Comunidad de Madrid se decantase por Ahora Madrid en la capital. Mientras, por otro, la marejada electoral posterior al 15M encarnada por los movimientos municipalistas y Podemos, se encargaron de movilizar a un electorado desencantado con la izquierda tradicional y con ADN abstencionista.

Recordemos que el voto de izquierda, por denominarlo de alguna manera, creció en más de 250.000 con respecto a 2011. De hecho, el origen del voto de Ahora Madrid de 2015 se componía en algunas encuestas de más de un 20% de personas que provenían de sectores netamente abstencionistas o votantes muy intermitentes. En este ámbito, los barrios populares, los movimientos quincemayistas y los tejidos sociales independientes, autónomos y de tendencia libertaria, todos ellos sectores de difícil movilización de cara a las urnas, fueron otro factor determinante.

Lejos de esta complejidad, para las elecciones de 2019 todas las miradas se han focalizado en la candidatura de Manuela Carmena. Es cierto que con ella se garantiza al menos que una buena parte del electorado socialdemócrata no vuelva a votar al PSOE, también que algunos de estos sectores desencantados con el PSOE sigan teniendo en su candidatura un referente electoral. Sin embargo, se valora muy poco las consecuencias electorales que puede tener que las fuerzas políticas, sociales y los movimientos que expresaron electoralmente la ola del 15M en 2015 hayan quedado apartadas. Más allá del dato, que debe tomarse como un simple síntoma, lo que late por debajo de todo el proceso, es que al renunciarse a las bases organizativas y programáticas que hicieron posible una candidatura como la de 2015, también se está renunciando a ganar una posición institucional en la ciudad a corto, medio y largo plazo.

La apertura como método. La unidad como fetiche.

Y hasta mayo de 2019 ¿Qué hacer? A día de hoy, el bloque de derechas se presenta con tres opciones que han logrado una cooperación virtuosa. La mezcla de VOX, PP y Ciudadanos, sin perder su perfil un tanto bizarro, augura en su conjunto unos muy buenos resultados. Mientras a la izquierda ,el fetiche de la unidad entendida como comunidad de intereses hace estragos en un frente desdibujado en el que además el PSOE parece no encontrar su hueco al margen de Manuela Carmena.

Así –de no cambiar mucho las cosas–, en 2019 el arco izquierdo contará con dos propuesta indiferenciables y dirigidas al mismo nicho electoral, un hecho que hará que el trasvase de votos de un lado a otro termine siempre en un juego de suma cero. Al mismo tiempo, la zona gris de votantes que se extiende entre los sectores más vivos políticamente, los movimientos y los barrios populares de Madrid han empezado a girar la cabeza hacia otro lado. Todos los datos indican que de no abrirse un proceso que recupere el pulso del Madrid real, las elecciones se perderán en favor de la derecha.

Mientras la cotidianidad habla de crisis social, desahucios o servicios públicos mal gestionados por multinacionales, el discurso de las propuestas electorales es el de buena gestión y el de selección de las élites gobernantes. La realidad es que los problemas de los de abajo, de quienes sufren la crisis y la realidad de Madrid –como ciudad rota por la precariedad, el paro y la falta de vivienda– no tienen nada que ver con la defensa de la ciudad-marca, las Olimpiadas, la Operación Chamartín, la ciudad de los negocios o los palcos del Open de tenis.

Esta falta de proyecto compartido es lo que ha hecho que la unidad popular se haya convertido en un fetiche, en un símbolo de la supervivencia de la nueva clase política del cambio. Y por eso precisamente, nada cambiará si de cara a 2019 no afrontamos un proceso municipalista que vuelva a poner en el centro la vida real de la ciudad, haciendo suyo el programa político construido por los movimientos madrileños en los últimos treinta años, trazando puentes que no miren de reojo las posiciones electorales y pensando en el medio plazo.

Somos muchos y muchas quienes tenemos la responsabilidad de no bajar los brazos y amoldarnos a posiciones de transición o mera supervivencia, la de hacer política con la boca pequeña o la de votar con la nariz tapada. Hoy presentamos la Bancada Municipalista, un proyecto que quiere hablar de construir puentes en el Madrid rebelde y con el Madrid real, un llamamiento a salirse del marco de lo posible y pensar las transformaciones de nuestra ciudad a medio y largo plazo. Sin un sistema de alianzas fuerte, sin movimientos de cambio que sostengan posiciones institucionales, estaremos condenados a repetir los errores del pasado, donde los sillones serán cada vez más obscenos y las lenguas cada vez más de palo.