Posibilidad de un nido

El PP y su caca-culo-pedo-pis

Pablo Casado con Ana Pastror, Cayetana Álvarez de Toledo y Teodoro García Egea, en los pasillos del Congreso. FLICKR PP
Pablo Casado con Ana Pastror, Cayetana Álvarez de Toledo y Teodoro García Egea, en los pasillos del Congreso. FLICKR PP

El pasado miércoles 25 de marzo, el presidente del Partido Popular, Pablo Casado, intervino en el pleno del Congreso, muy peripuesto y con ese ceño de niño que se pone serio en misa, para ofrecer la siguiente información: "En las últimas 24 horas han muerto 738 personas por el virus, más del doble de todas las que caben en este hemiciclo, en solo un día". Y añadió: "Esto es terrible". Efectivamente, la información es terrible, pensé, incluso refleja todo un ejercicio de cálculo, qué duda cabe. Pero me pregunté si además de repetir lo que todos los españoles y las españolas e incluso los daneses y las japonesas reconocen y exclaman ("es terrible"), propondría alguna solución. Y sí, lamentablemente la propuso: "que las banderas oficiales ondeen a media asta". Oh.

Justo una semana después, el portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Senado, Javier Maroto, ha decidido también expresar sus pareceres. Ha aprovechado una entrevista en TVE para afirmar: a) que Sánchez es "el peor presidente del Gobierno de la historia de la Democracia"; b) que estamos viviendo "la peor crisis" desde la Transición; y c) que "quien manda en el Gobierno de Sánchez es Iglesias". Oh.

Basten estos dos ejemplos y demos como inexistente, porque soy magnánima, los desatinos de Teodoro García Egea, secretario general del PP y campeón en lanzamiento de huesos de aceituna, diciendo que "se aprovecha de una crisis como esta para construir un sillón en el CNI para Pablo Iglesias en lugar de construir mascarillas para los médicos". E incluso a la portavoz parlamentaria Cayetana Álvarez de Toledo descubriendo que la política tiene ideología. Oh.

Llevamos un mes comunicativamente muy intenso, único en las últimas décadas. Cada día recibimos datos y cifras concretos, que informan sobre cómo mueren y como enferman miles y miles de personas en España. Conocemos minuciosamente el trabajo de médicos, enfermeras y el resto del personal sanitario, de la Policía, de la Guardia Civil e incluso de las cajeras del supermercado. Escuchamos análisis de expertos en ciencia, economía, neumología, virología, epidemiología, política internacional, higiene o psicología. Las autoridades del país han logrado confinar en sus casas a la población entera de un país en un par de días sin incidentes violentos, sin necesidad de emplear la fuerza y sin resistencias dignas de mención. El Gobierno ha tomado de forma urgente medidas laborales, sanitarias, económicas, sociales, educativas. Se ha transformado de arriba abajo el funcionamiento entero de España, completamente. Y nos han ido informando de ello a diario, incluso varias veces cada día.

Estamos en otro tiempo, radicalmente otro.

En el tiempo anterior, aparecían políticos en ruedas de prensa, entrevistas o simples comunicados declarando naderías los unos acerca de los otros. Nuestra información, prácticamente toda la que recibíamos, se basaba en esas insignificancias basura. Ahora nos encontramos, de golpe, en un tiempo brutalmente distinto, pero la derecha de este país no se ha dado cuenta. Así que en el PP siguen en su caca-culo-pedo-pis habitual, soltando bobadas intranscendentes que no solo los colocan en un pasado en el que únicamente ellos permanecen, sino que ponen en evidencia su absoluta incapacidad para entender lo que está sucediendo. Como si hubiera sonado el timbre en el colegio, todos los alumnos estuvieran ya en clase redactando el examen de fin de curso, y ellos fueran los cuatro lerdos que, creyéndose distintos, siguen botando la pelota en una cancha sin canastas. Su irrelevancia es tal que por fuerza tiene que asombrar incluso a ellos.

Pero todo bobo tiene un amigo que se come los mocos. Así que, por si lo de los populares llamaba poco al sonrojo, hemos tenido que aguantar el ridículo de la ultraderecha pimentón demostrando que se desgajó de su nave nodriza del PP para demostrar que el esperpento conservador no tiene límites. La estrafalaria violencia de los franquistas de VOX ha decidido, visto lo visto, nada menos que llamar a un golpe de Estado. El papel de la extrema derecha de Abascal, una vez llegado el momento de ser serios, es tan grotesco que no merece más espacio. Sencillamente han desaparecido. Adiós.

Conste, finalmente, que podría haber escrito sobre Isabel Díaz Ayuso y lo suyo. No lo hago porque aquí no me cabría. Y por lo de mi magnanimidad.