Posibilidad de un nido

No es manifestación, es un alarde

Una hombre y una mujer en la concentración de protesta contra el Gobierno de Pedro Sánchez en el barrio de Salamanca de Madrid. E.P./Jesús Hellín
Una hombre y una mujer en la concentración de protesta contra el Gobierno de Pedro Sánchez en el barrio de Salamanca de Madrid. E.P./Jesús Hellín

En un momento en el que varios millones de personas viven en España en condiciones de pobreza, y serán más. En un momento en el que cientos de miles de hombres y mujeres relacionadas con el sistema sanitario se han jugado, se juegan y se seguirán jugando la vida. En un momento en el que la economía mundial se ha dado la vuelta y se prevé la desaparición de nuestra idea de bienestar, nuestra forma de entender la vida. En un momento en el que se prevé que la mitad de la población mundial en edad de trabajar no podrá hacerlo. En este puñetero y negro y brutal momento histórico, le da a una panda de cretinos ricos, de cretinas ricas, de gentes cuya única preocupación consiste en recordar el nombre de la señora que les limpia la basura y les cuida a las criaturas, les da por salir a la calle a jugar, jajaja qué diver, como quien queda a tomar el aperitivo después de misa.

Porque la representación que lleva a cabo la gente de la banderita española y el descapotable no es una manifestación, es un alarde. La manifestación nace de la necesidad, el alarde nace del capricho. La manifestación es un acto político y lo de esa gente es un gesto de ostentación.

Quienes empezaron echándose a la madrileña calle Núñez de Balboa y ahora van apareciendo en otras calles de otras ciudades de España son una panda de adultos infantilizados por la riqueza y la extrema comodidad que llevan a cabo un imperdonable acto de frivolidad en este momento en el que la inmensa mayoría de la población arrea con unas condiciones de vida, y de muerte, que multiplican la angustia, que ven cómo la amenaza del dolor recorre calles, casas, residencias, hospitales, colegios, mercados, comercios, espacios públicos y privados rincones donde antes nos ganábamos la vida.

Me rebelo contra quienes los llaman "manifestantes". Me rebelo contra quienes se refieren a ellos como representantes de una reivindicación. Me rebelo contra quienes comparan la actuación peligrosamente boba que lleva a cabo esta gente a diario con un acto de desagravio. Me rebelo porque su gesto escupe sobre el dolor de millones de seres humanos, sobre el temblor de hombres, mujeres, niños, niñas, que miran al futuro como quien contempla el mar alejarse de la costa antes del tsunami.

Que les abran ya los bares, las fincas y los campos de golf. Que les creen reservas de cretinos donde puedan contagiarse entre ellos y manifestarse martini en mano. Que les confinen aparte. Que nadie les nombre. Que sean solo lo que son, una panda de adolescentes malcriados y crecidos con ganas, jajaja, de jugar, de entretenerse mientras alguien, en casa, les limpia el culo a los niños.