Posibilidad de un nido

Hoy, por primera vez en mi vida

Nos preguntamos, yo a diario, qué estamos viviendo. Desde luego, nadie tiene respuesta más allá de una viróloga china sacada de cualquier telefilm setentero. Sin embargo, creo que la pregunta que nos hacemos poco es cómo estamos viviéndolo. Vivir consiste en adelantarte a lo que sabes que se te viene encima, lo consideres bueno o malo. Es decir, sea tu boda o tu funeral.

Soy ya mayor. He vivido tantas vidas que me río de los gatos. Sin embargo, esta es la primera vez que no tengo ni idea de cómo adelantarme a lo que se me viene encima, porque admito ser ABSOLUTAMENTE incapaz de preverlo.

Después de muchos otros pasados que no cabrían aquí, viví un despido en el putísimo año 2008. La "crisis" acababa de arrancar, ya los EREs campaban a sus anchas y los medios de comunicación abrían las compuertas por las que salieron miles de profesionales. Me despidió el Grupo Planeta en mi octavo mes de embarazo. Supe qué hacer.

Pude equivocarme, pero supe qué hacer: escribí y publiqué un artículo en El Mundo contando mi historia, hice pública mi vida, eliminé la culpa.

Les avisé de que acabarían desahuciándome. No había que ser muy lista: Despedida en el muy putísimo año de 2008, con todos los EREs de los medios de comunicación en marcha, recién parida, mujer… Y sí, me desahuciaron. Cuatro años después el BBVA me dejó en la calle con una cría de 3 y un chaval de 9. En la puta calle. Una familia extraordinaria a la que ni siquiera conocíamos nos prestó una cabaña y allí vivimos durante año y medio.

Pude equivocarme, pero supe qué hacer: monté una editorial con mi compadre Txiqui Navarro, fallecido hace un mes, montamos una librería con toda mi biblioteca, publicamos 80 libros digitales, escribí y publiqué dos novelas y una crónica, gané algún premio.

Parece que hace mucho tiempo, pero en 2013 yo aún seguía viviendo en aquella cabaña. De eso hace nada. En aquella cabaña, como antes en la casa de la que nos iban a desahuciar, como antes cuando me despidieron preñada, yo hice lo que hice, aun equivocándome, porque veía lo que se me venía encima, lo que se nos venía encima.

Hoy, por primera vez en mi vida, admito que no lo sé, que no tengo ni idea de lo que se nos viene encima. Podría estar apalabrando un curro de camarera en Costa Rica, negociando un nuevo contrato en televisión, vendiendo la siguiente novela… Podría reconstruirme como activista, como anacoreta o como gimnasta del pino puente.

En eso consiste vivir, como ya he dicho. Vivir consiste en adelantarte a lo que sabes que se te viene encima, lo consideres bueno o malo. Como los animales que somos. Olfatear lo que llega y pergeñar estrategias que nos permitan seguir adelante y, en mi caso como en muchos otros, salvar a la prole, ofrecerles una vida digna. Sin embargo, eso es precisamente lo único que no podemos hacer. Porque no tenemos ni idea de lo que nos espera.

En esta situación cabe preguntarnos, y así empezaba, no qué estamos viviendo sino cómo estamos haciéndolo. Como no tengo una respuesta, valga una sugerencia: dediquemos este tiempo desquiciado, inexplicable, a plantearnos aquello que no nos hemos permitido jamás. Por primera vez en mi vida no sé cómo enfrentar lo que viene, porque no sé qué es lo que viene. Bien, pues por primera vez en mi vida voy a dibujarlo. Y, pase lo que pase después, quede en herencia.