Posibilidad de un nido

Yolanda Díaz trabaja

La vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, al comienzo de la reunión con el Foro Económico y Social de Galicia, esta mañana en Santiago de Compostela.- EFE/Lavandeira jr

Cuando cascas una nuez detrás de otra y otra y todas te salen vacías o con el fruto negro, acabas con una frustración que te lleva a dejar de comer nueces o te pasas a las castañas. Eso es lo que pasa con Yolanda Díaz, que su nuez sí tiene fruto y no está seco. O dicho de otra manera: Yolanda Díaz trabaja.

Eso, que parecería de cajón tratándose de una ministra de Trabajo y Economía social y vicepresidenta del Gobierno de España, no lo es. No puedo saber cuánto ni cómo han trabajado los ministros y ministras de los gobiernos anteriores, pero desde luego no así. En el ala izquierda estábamos tan acostumbradas a las palabritas huecas del "vamos a hacer" y "vamos a derogar" sin ir a ningún sitio, que Díaz ha supuesto una muy grata sorpresa. Pero no solo para esta ala.

Yolanda Díaz gusta a propios y extraños. Basta ver su valoración en las encuestas, los pasos dados con la Patronal y la inquina que le tienen las derechas varias. Gusta a los suyos, o sea Izquierda Unida y Podemos, pero también gusta en las filas socialistas y –esto es lo más importante– entre los votantes de izquierdas que, cansados de nueces vacías, dejaron de comer nueces.

La evidencia de que trabaja es que lo hace en los despachos y en el Congreso de los Diputados en lugar de hacerlo en los medios de comunicación, Twitter o Instagram. No se dedica a repetir como un loro el argumentario del día. En lugar de frasecitas bobas, aporta datos. Y los datos no llegan solos, hay que estudiarlos. Cada intervención suya genera confianza, más allá de sus hilarantes respuestas al secretario general del Partido Popular, Teodoro García Egea, quizás la nuez más vacía que hemos cascado en los últimos años, y en el caso del PP ya es decir mucho.

Díaz es culta y tiene la serenidad de quien sabe que lo es. No hace trampas porque atesora razones y no duda en exponerlas. Las tiene y las defiende con argumentos casi siempre irrefutables. No gasta palabra sin enjundia ni juega a la política. O sea, pone en evidencia a la gran mayoría de los políticos anteriores, sobre todo a los del PP, acostumbrados a que la Patronal y las grandes empresas gobiernen y tomen las decisiones por ellos.

Cuando aparece una persona como Díaz transforma lo existente, ya no puede ser lo mismo ni dilatar el tiempo en "consideraciones" hasta que lleguen los siguientes. Pero una política así no surge por generación espontánea ni todo el mérito es suyo. Aparece en el momento en el que puede aparecer, cuando el terreno de la sociedad está abonado y dispuesto, y en eso el mérito está en Podemos, un partido que ha modificado los modos de hacer política en España.

Tiene que ver con el futuro. Todo el resto, de golpe, pasa a pertenecer al pasado. En este caso, hoy la población va muy por delante de sus gobernantes y las instituciones. Es evidente que se está produciendo un cambio en esta sociedad, y en todas, que no tiene vuelta atrás. Ya no somos aquello que hemos sido durante los últimos cuarenta años. Ni siquiera lo que éramos en las últimas Elecciones Generales. El mundo es otro definitivamente. Otros serán el trabajo, la Educación, los modos de relacionarnos, las familias, los hogares, la forma de consumir, los procesos tecnológicos…

Todo lo anterior está sucediendo ahora mismo y a la vez. No es que las formas políticas de Yolanda Díaz se adelanten a su tiempo, sino que responden a él, a algo que ya está definitivamente transformado. De ahí que haya supuesto una sorpresa, como sucede con la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. No en vano su ministerio es el de Trabajo. El trabajo está en la base de lo que somos. Se trata de ceder parte de nuestro tiempo a cambio de dinero, nada menos, tiempo que entregamos de nuestras vidas. Entender eso también lo cambia todo.

Pero su proyecto de crear un frente amplio de izquierdas supera con mucho a sus labores ministeriales. Se trata de hacer política y a la vez responder a las necesidades de la nueva sociedad que, insisto, ya está aquí desde hace algún tiempo.

Ahora el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha declarado que su trabajo no pertenece solo a ella, sino que participa el Gobierno entero. Nadie dice eso de un proyecto fracasado, nadie declara querer participar de un hundimiento o un error. Ese podría ser el reconocimiento más palmario a Díaz.

Habrá que ver si, una vez cascadas, se pueden rellenar las nueces. Aunque sea de castañas.