Posibilidad de un nido

Andalucía sin Igualdad y nosotras sin medios

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, momentos antes de anunciar el nuevo gobierno que le acompañará durante esta legislatura. EFE/ Raúl Caro

La noticia que difunden los medios es que el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, ha añadido dos nuevas consejerías a las ya existentes. Decidir qué es noticia y qué no, mirar, narrar la realidad, de eso trata el periodismo. La verdadera noticia es que el presidente andaluz ha eliminado la Consejería de Igualdad. Desde sus servicios de comunicación lo han vendido como un "cambio de nombre". Dicen que lo que antes se llamaba Igualdad, ahora pasa a denominarse Integración Social, Juventud e Igualdad de oportunidades. No comprar enunciados. De eso trata el periodismo.

Se formó el nuevo Gobierno de la Junta de Castilla y León, un consistorio penetrado por y dependiente de la ultraderecha de Vox. Allí no hay, por supuesto, Consejería de Igualdad. Después, el pasado 19 de junio, se celebraron las elecciones Autonómicas andaluzas. Uno de los grandes temores era que el Gobierno del Partido Popular, cuya victoria se daba por supuesta, dependiera de los apoyos de Vox, y que la ultraderecha entrara también allí. No fue así y es evidente ahora que no hacía ninguna falta. El PP se sobra y se basta para dinamitar la idea de igualdad entre hombres y mujeres, los avances en el esfuerzo institucional para que así sea, las luchas del feminismo.

Pero la cuestión de fondo no se revuelve en la eliminación de la consejería, sino en el relato de dicha eliminación. O sea, en su no relato. Ignoro si a la salida de este artículo los medios de comunicación ya habrán rectificado o seguirán tratando el tema como un aumento de instituciones y un cambio de nombre.

La aparición del ministerio y las consejerías de Igualdad en España, y no solo aquí, supuso una transformación notable en la consideración que tal asunto merece en nuestras democracias. Para empezar y sobre todo, supuso destinar una parte de los fondos públicos a la lucha contra la violencia machista. No solo contra las agresiones, sino contra la forma en la que esta sociedad discrimina y maltrata a las mujeres y las niñas en todos los ámbitos. Por nombrar los más evidentes, en Sanidad, Educación, Justicia, Economía o Trabajo.

Destinar una partida presupuestaria a luchar contra todo eso obliga a mirarlo a la cara, estudiarlo, analizarlo, relatarlo, en definitiva a admitir que existe. Después, se puede enfrentar con mayor o menor tino, pero el primer esfuerzo está hecho.

Cuando un Gobierno elimina la consejería o el ministerio (todo llegará) de Igualdad, los estudios, análisis, observatorios, los esfuerzos dedicados a mirar a la cara a las violencias constantes y ubicuas contra niñas y mujeres empiezan a desaparecer. Esa desaparición ya está en marcha, y todo indica que no ha hecho más que empezar.

El PP de Juan Manuel Moreno no ha eliminado la consejería de Igualdad presionado por la ultraderecha de Vox, a quien no necesita para gobernar. Lo ha hecho porque va en su ADN, y solo por presiones sociales que creímos –maldita idiotez– sin vuelta atrás asumió como propias. Ahora que todo apunta a su victoria en las próximas elecciones generales, se permite el lujo de mostrar su pezuña en Andalucía. No debería extrañarnos.

Lo que sí debería ya no extrañar sino alarmarnos es la forma en la que los medios de comunicación desprecian la extraordinaria importancia que tal gesto reviste. La realidad es poca cosa más allá de un modo de mirar y de narrarnos. Tras el anuncio de Moreno Bonilla estamos mucho más solas. No por él, desde luego, ni por el PP, qué va. Esta soledad nuestra que acaba de arrancar arde en cómo nos narran. Y en cómo seguirán haciéndolo.