Opinion · Crónicas insumisas

Insumisos hoy como ayer

Pere Ortega
Miembro del Centre Delàs d’Estudis per la Pau

La epopeya vivida por los objetores e insumisos de conciencia al servicio militar obligatorio en España durante la dictadura militar franquista, que se prolongó después con la llegada de la democracia, es necesario continuar reivindicándola, y no sólo por una cuestión de memoria histórica por ser una lucha casi olvidada; ni tampoco por el valor añadido que una vez instaurada la democracia en 1977 los insumisos continuaron luchando por la abolición de la mili acumulando muchos años de prisión, sino por la importancia que este movimiento tuvo en profundizar y transformar la democracia de nuestro país. Me permito utilizar una palabra hoy en desuso en el lenguaje político, aquella lucha fue tremendamente revolucionaria y, además, ganada por goleada. Primero, porque los insumisos abrieron el paso a la aparición de la Ley de objeción que permitió que cientos de miles de jóvenes se negaran a ser adiestrados en la obediencia al mando militar y en la utilización de las armas para matar. Y segundo, porque abrieron el camino para que la desobediencia y la noviolencia se convirtieran en nuevos pilares donde asentar la democracia española.

Especialmente hay un ámbito a recordar y que espera ser historiado, el del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) y sus campañas por todo el territorio, que llevaron a cabo acciones muy arriesgadas que hoy sorprenderían a muchos de la juventud rebelde del 15-M y otros grupos aledaños por su osadía. Un enorme movimiento que, según dicen sus protagonistas, llegó a reunir 30.000 insumisos en todo el Estado español, con muchos presos que cumplieron más de 1.000 años de cárcel. Un movimiento gracias al cual más de un millón de jóvenes se acogieron a la ley de Objeción de conciencia y no fueron a la mili y que estuvo a punto de vaciar los cuarteles. Lo que obligó que el año 2002 el Congreso de Diputados decretara el fin del servicio militar por acuerdo unánime de todos los parlamentarios, y se lograra la victoria más espectacular de la democracia, acabar con la mili. Y no porque los insumisos del MOC hubieran derrotado a los militares, sino porque habían «convencido» a la sociedad española y a sus representantes que la conscripción era una violación de los derechos de las personas. Algo que ni en el momento más optimista los primeros objetores habían soñado.

En este sentido, recordar hoy a esos primeros insumisos resulta necesario porque necesitamos de un nuevo movimiento de insumisión, de desobediencia a las políticas que agreden y recortan los derechos sociales y económicos de la ciudadanía. Gente que arriesgue y transgreda la legalidad para alcanzar más cuotas de democracia en aquellos espacios donde ésta no ha penetrado y que es necesario liberar.