Opinion · Crónicas insumisas

Nos quieren sumisas y en casa

Tica Font, Centre Delàs d’Estudis per la Pau

En España VOX ha abierto el frente de lucha contra los inmigrantes y contra las mujeres. Hay muchos hombres que achacan su mala situación económica, su empobrecimiento, su falta de perspectivas de mejora de empleo y su falta de esperanza en el futuro a estos dos colectivos sociales. A los inmigrantes aduciendo que por una parte provocan la bajada de salarios y por otra ocupando un puesto de trabajo impiden que otro de aquí trabaje; En el otro extremo de causalidad sitúan al colectivo de mujeres que por una parte con su introducción en el mundo laboral quitan el trabajo a los hombres y por otra reivindicando la no discriminación salarial o la paridad están quitando puestos a los hombres. Un mal análisis de la situación económica y social lleva a culpabilizar de la mala situación económica y laboral a otros colectivos sociales cuando el problema es estructural y no de personas.

En definitiva VOX recoge el voto de aquellas personas que consideran que tiempos anteriores fueron mejores; que los tiempos en que las mujeres estaban en casa limpiando, cocinando y encargándose de la educación de los hijos, eran mejores. Con VOX toma cuerpo y espacio electoral el conservadurismo social, el volver a poner a las mujeres en su sitio, en el que han estado durante milenios, sometidas a los hombres y con una división social clara. “la mujer con la pata quebrada y en casa”. Este debate lo llevan a cabo pidiendo que la ley de violencia de genero sea derogada, que la violencia contra las mujeres sea considerada cosas de pareja, “cosas que pasan en el ámbito privado”, es decir conservar el derecho de los hombres a pegar a las mujeres y que las administraciones públicas no interfieran en ello.

Hace un par de años el presidente Putin hizo una propuesta legislativa sobre este tema. Si un hombre se sobrepasa pegando a su mujer y la mata, había que considerarlo asesinato, pero si no la mata y no se sobrepasa en las consecuencias de la paliza, pegar a su mujer una vez al año, no tendría que ser delito.

Esta corriente conservadora, en el sentido de volver a la mujer a su sitio “natural” en la sociedad, está siendo fuertemente impulsada por las iglesias evangélicas en américa latina y en américa el norte. Iglesias que electoralmente apoyan candidatos que en sus programas incluyan medidas y leyes que impidan el aborto, que ilegalicen la homosexualidad o que no permitan los matrimonios entre personas del mismo sexo.

La nueva ministra de Mujer, Familia y Derechos Humanos de Brasil, en sus primeras declaraciones nos regaló con la frase que con la llegada de Bolsonaro se inicia una nueva era en Brasil en la que “los niños visten de azul y las niñas de rosa”. Declaraciones que levantaron protestas en las redes sociales y a las que ella contesto diciendo que se habían interpretado mal sus palabras, ella hablaba metafóricamente, “cuando dije que la niña viste color rosa y el niño azul significa que vamos a respetar la identidad biológica de los niños”, explicó; añadiendo “En nuestro Gobierno, nadie nos va a impedir llamar a nuestras niñas princesas y a nuestros niños príncipes”, afirmó.

Esta derecha conservadora habla de “ideología de género” para atacar las reivindicaciones de igualdad de las mujeres, y contraponerla la perspectiva de género, es el mantra a través del cual reivindicar volver al pasado, volver a la mujer al lugar que ha ocupado en la sociedad y no aceptar la homosexualidad o identidades sexuales diferentes. Defienden la tradición familiar, solo es familia si está formada por un hombre y una mujer.

Todo este conservadurismo es una respuesta a la revuelta o revolución que están haciendo durante años las mujeres, no quieren que haya cambios. Será duro, pero ¡no hay retroceso posible!