Buena educación

YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE 

Los opositores al gobierno de Somchai Wongsawat, primer ministro tailandés, tomaron hace una semana el aeropuerto internacional de Bangkok, Suvarnabhumi, buscando poner en evidencia la debilidad del gobierno. Wongsawat asumió su cargo tras la sentencia del Tribunal Constitucional de Tailandia que inhabilitaba a su predecesor, Samak Sundaravej, por presentar un programa de cocina en la televisión, pero no se ha mostrado menos proclive a hacer negocios. El jefe del ejército tailandés coincide con los opositores en la idea de que el gobierno debe dimitir, aunque mantiene a las tropas al margen del conflicto.

Envidia insana
Qué envidia. Los tailandeses muestran unos modos y costumbres en eso de poner y quitar gobiernos que para nosotros los querría yo. Setenta años después de la Guerra Civil todavía no sabemos abrir o cerrar las tumbas sin que surjan los incendios. Los ciudadanos y los políticos de Tailandia son gente mucho más civilizada. Wongswasat, al verse contra las cuerdas, ha declarado que la policía tratará de forma gentil a los ocupas del aeropuerto. Todo modo.

Perdonen las molestias
Pero también los insurgentes exhiben modales. Al ocupar el aeropuerto de Bangkok, los opositores desplegaron una pancarta escrita en ingles en la que pedían disculpas a los viajeros por las molestias que pudiesen causarles la suspensión de los vuelos. Ese mensaje, en la boca de cualquier ayuntamiento, cuando levanta por enésima vez las calles, suena a fórmula manida. Pues bien: se vuelve cortesía exquisita si se trata de una revolución.

El hierro y la seda
La fórmula de la mano de hierro con guante de seda tiene sus precedentes. El general corrupto que en la película Traffic torturaba a los narcos con voz amable y como pidiéndoles perdón por lo que iba a hacerles viene a cuento acerca de la paradoja de los buenos modales desplegados en episodios sangrientos. No se trata de nada personal, dicen los ejecutores de la mafia antes de pegarle un tiro en la nuca a sus víctimas. Pero habida cuenta de que, como sostiene Fidel Castro, no hay forma alguna de hacer una tortilla sin romper antes unos cuantos huevos, más vale que te hagan la puñeta de manera educada. A lo mejor fue eso lo que consideraron los tribunales tailandeses al destituir al primer ministro culinario-televisivo: que su programa hería la sensibilidad de los espectadores. Qué pena que aquí, en España, no contemos con tan buena educación.