Opinion · Posos de anarquía

Merkel y Sarkozy reinventan la rueda

Angela Merkel y Nicholas Sarkozy tuvieron ayer el dudoso honor de reinventar la rueda… por enésima vez consecutiva en lo que va de historia de la Unión Europea, cuyo carro está anclado. Su propuesta de  un gobierno económico europeo sabe a poco, no por que no sea necesario -dado que si nos remontamos a los orígenes de la Comunidad Económica Europea ha pasado ya más de medio siglo sin gobernanza-, sino por la falta de originalidad de la iniciativa. Quizás por eso, salvo en los círculos políticos, la idea no ha sido muy bien recibida: Wall Street cayó ayer y hoy lo hace el Ibex 35 e, incluso, el Dax alemán o el CAC francés.

Ya no digo al ciudadano de a pie, para el que parece incomprensible que desde que entrara en vigor el Tratado de Maastricht en 1993, ésta haya carecido de una gobernanza económica. Hace un mes, en su gira brasileña Lula da Silva denunció la “fragilidad” existente en el liderazgo mundial, acusando a EEUU y la UE de carecer de coraje para superar la crisis económica. Y tenía razón.

A finales de 2007 la UE creó su Grupo de Reflexión -liderado por Felipe González-. Este comité de sabios revisó el estado de la Unión y en mayo de 2010 presentó sus conclusiones, entre las que destacaban la necesidad de «desarrollar sin dilación la gobernanza económica que nos falta para evitar los choques asimétricos derivados de la coexistencia de una moneda única y un mercado interior con distintas políticas económicas». Por ejemplo.

Ha pasado más de un año desde su publicación y ayer los líderes de los países que se supone que están tirando del carro de la UE salen con lo mismo, tratando de impulsarlo con una rueda que no rueda. Recuerdo que el texto del Grupo de Reflexión reclamaba «sobre todo, un liderazgo claro y resuelto». No es el caso, desde luego. La crisis económica ha evidenciado aún más lo que ya era un secreto a voces: cuando vienen mal dadas, la máxima en la UE es ‘sálvese quien pueda’. Medidas cosméticas, tardías y de pobre ejecución no harán cambiar esa sensación del ciudadano, de los mercados y del resto de la Comunidad Internacional.  Más aún tras un segundo trimestre de crecimientos raquíticos -¿cómo va a haber crecimiento con la ecuación para reducir déficit de  recortar gasto y subir impuestos?- y la sombra que no se disipa de crisis de la deuda soberana.