Opinion · Posos de anarquía

Los palmeros de EEUU

Siria y los crímenes contra la humanidad que viene cometiendo Al Asad han servido para demostrar una vez más, lamentablemente, que aquí nadie mueve un dedo si no lo hace antes EEUU. Hasta que el presidente Obama no decidió al fin exigir la dimisión al mandatario sirio, los grandes de Europa -Reino Unido, Francia y Alemania- no han hecho lo propio. Ni qué decir tiene que si éstos van a la cola, la política exterior del resto de los miembros de la Unión Europea (UE) ni siquiera hace los coros, se limitan a sacar y guardar las partituras que se les indica. Tirando de jerga flamenca, unos palmeros, vaya.

El influjo estadounidense llega también a Arabia y ya se escuchan voces de Qatar, Kuwait y Arabia Saudí reclamando una sesión extraordinaria del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para la semana que viene. Existen informes oficiales de la ONU que podrían llevar a medio centenar del Gobierno de Al Asad a la Corte Penal Internacional. Pero para eso, antes ha de ser derrocado.

La decisión de Obama llega tarde y mal, después de que miles de sirios -más de 2.000- hayan dado su vida por salir de un régimen asfixiante que les condena a no tener futuro. La cifra de heridos supera los 25.000 y ya se habla de miles de desaparecidos. Buena parte de la prensa estadounidense y europea se vanaglorian de la decisión de ese ente, la Comunidad Internacional, hablando incluso de inyección de moral para el pueblo sirio.

En realidad, el pueblo sirio sólo puede creer en él mismo, no se puede permitir el lujo de esperar que lo salven desde fuera. Ya no. Hace tiempo que se sintió abandonado a su suerte, que sufre esas consecuencias. Y ni EEUU, ni la UE, ni siquiera la ONU disponen de los mecanismos necesarios para expular a Al Asad del país, a menos que clonen la guerra de Libia corriendo el riesgo de obtener los mismos resultados. No lo harán porque, además,  en el caso sirio no tienen una figura, un líder definido al que apoyar… tan sólo un pueblo entero y, los pueblos, aunque es de ellos de quienes emana el poder soberano, no cuentan a la hora de tomar decisiones de Estado. ¿Con quién negociar después ‘ese asuntillo menor’ del petróleo?