Posos de anarquía

Prohibido pensar

Las declaraciones de hoy por parte del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, felicitando a la Policía por su actuación durante el 25-S, que se saldó con más de 60 heridos -uno de ellos con lesión medular-, son una prueba más del retorno ofensivo de un discurso que se autoreclama ético y que no puede estar más alejado de ello. Decía Umberto Eco en su El fascismo eterno que éste sigue latente en la sociedad moderna, y qué razón tenía, oiga.

Mientras los neoliberales ofrecen su cara amable, activan por detrás y con más fuerza que nunca el resorte de la violencia legalizada, diría incluso que institucionalizada. Cualquiera que cuestione su orden establecido impuesto es criminalizado, acusándole en el mejor de los casos de retrotraerse a ideologías anticuadas. La libertad de pensamiento, entendida ésta como la expresión del pensamiento crítico más allá del único que nos quieren hacer tragar, parece no tener cabida. Ya saben, aquello de 'prohibido pensar'.

En esos momentos, el peor de los fascismos renovados, ese difuso que llega al poder con promesas electorales que luego olvida en favor de un elitismo casposo, acciona sus mecanismos de rechazo al avance del saber y convierte a la cultura en sospechosa de agitar movimientos críticos. Y ataca a la multitud. Ya no hay clase obrera, eso es un concepto pasado, como dice Antonio Negri, pero sí hay una multitud productiva que se rebela, que quiere reapropiarse del espacio que le han robado. Una multitud que donde aparece trae consigo la solidaridad, esa que el capitalismo depredador enterró.

Eso era ayer el 25-S y no una intentona golpista. Y eso es, de hecho, el 26-S hoy, el 15-M desde hace un año y medio y el resto de los movimientos sociales que este Gobierno se ha empeñado en moler a palos. ¿Saben qué es lo que más inquieta y, por ende, más violento hace a este Gobierno? El propio miedo que ha tratado de infringir en el pueblo, que se ha vuelto contra él. Del conformismo social de antaño, la multitud ha pasado a la acción, a la creación. Faltaba resistencia al presente y el Ejecutivo de Rajoy y esta mal llamada democracia se han topado de bruces con ella.

La revolución ya está aquí, es imparable ante, incluso, reyes blogueros y sus quimeras. La multitud ya no plantea los problemas sin conocer las soluciones; las conoce, y esas soluciones son, precisamente, las que hacen temblar al más pintado de los neofascistas, arropados por sus intelectuales de la derecha multiusos, que igual imponen el pensamiento único que echan gasolina a las hogueras sociales.  La revolución es un hecho, plasmada si quieren, en una segunda Transición, mejorada y que no esconderá, como hizo la primera, la basura bajo la alfombra.

Ayer todo el mundo lo pudo ver, aunque Fernández Díaz se autoengañe: los poderosos tiraron de porra para combatir lo que no consiguen con la razón. Queda un largo camino a este multitud para conseguir sus fines, pero ya está reorganizada y redefinida, presentando su nominacion como un nuevo poder político positivo. Hoy por hoy, esta multitud que tanto teme el Gobierno goza de más legitimidad política que el propio Ejecutivo de Rajoy.

Así que no se quede en el sofá, haga Historia y sucumba de una vez por todas a la tentación de actuar. No se arrepentirá.