Opinión · Posos de anarquía

Pinochet, más vivo que nunca

Mauricio Weibel desvelaba ayer en The Clinic una terrible noticia en la historia reciente de Chile. Lo hacía, precisamente, en el 40 aniversario de la muerte de Salvador Allende, una figura que marcó un punto de inflexión en el nuevo socialismo y que, por extensión, representó como pocos lo que es una verdadera democracia: igualdad y libertad. ¿Cómo lo hizo? Atacando al mayor enemigo de la democracia en la actualidad: al capitalismo depredador que se ha llevado -y se lleva- más vidas por delante que cualquier plaga, guerra o desastre natural.

Pues bien, el hallazgo de Weibel nos lleva a otra figura bien distinta, a Augusto Pinochet, el dictador sobre el que los neoliberales de turno vuelcan su defensa. Neoliberales entre los que se encontraba la difunta Thatcher, un buen ejemplo de manipuladora de la democracia para beneficio de las élites. En su reportaje, el periodista relata cómo Pinochet recomendó por escrito a sus agentes quebrantar reiteradamente la ley, ya fuera dentro como fuera de Chile. Así se refleja en el manual de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), en el que se explica que “se debe aprovechar la ventaja de que la gente piensa que la ley no será vulnerada. Esta creencia nos da la ventaja de vulnerarla”.

Este documento está fechado en 1976, es decir, tres años después del golpe de Estado contra Allende en el que EEUU, ese gran aladid de la democracia, tuvo un papel esencial a través de la CIA. Pinochet ya se encontraba entonces vertiendo toda su ruindad y crueldad contra el pueblo chileno, convirtiéndose en otro criminal contra los Derechos Humanos (38.000 personas fueron torturadas, ejecutadas o desaparecidas). Y así lo confirma el manual de la DINA, que implícitamente reconoce cómo las fuerzas de seguridad del dictador cometían reiteradamente crímenes e inflitraba agentes en la oposición y grupos sociales. Por eso, el texto reclama no dejar rastros cuando se violen las leyes, evitando así “el comprometimiento del Estado y sus autoridades”.

Y en esta coyuntura, uno no puede evitar mirar a la derecha, a nuestra derecha, y ver similitudes. Represión, torturas, violaciones de DDHH, eliminación de pruebas de delitos… Todo lo necesario para poder seguir actuando impunemente contra el pueblo al que no ha traído más que miseria. Una miseria que ellos no reflejan en sus cuentas, que no exponen en sus grandilocuentes discursos triunfalistas porque ni siquiera la ven, o no la quieren ver.

Y es que históricamente la derecha no ha visto más allá de sus narices, esto es, de su propio patrimonio obtenido a base de pisotear al obrero. Este es el motivo por el que estigmatizan a todo gobierno socialista, como lo fue el de Allende, alegando que no trae más que pobreza. ¿Según qué rasero, el neoliberal? Si es así, efectivamente, trae pobreza, puesto que el neoliberal no alcanza a ver más allá de su riqueza y ésta se ve repartida en cualquier democracia real que se precie.

Uno de los principios básicos de la democracia es la igualdad que, al mismo tiempo, es el mayor enemigo del neoliberal, pues le baja de su pedestal elitista y le pone al nivel del resto de la sociedad. Y esa degradación de estatus es la que no está dispuesta a consentir la derecha y hará todo lo posible para evitarla, aunque casi 40 años después rescate las técnicas de Pinochet en el manual de la DINA.