Posos de anarquía

El lado perverso del bilingüismo

España lleva muchos años padeciendo un déficit educativo en materia de idiomas y, por ser más precisos, de inglés. A fin de cuentas, se trata del idioma más internacionalmente utilizado como una suerte de nuevo esperanto. Uno de los remedios para atajar la escasa formación en idiomas -España es el país de la UE con menos adultos entre 25 y 64 años que pueden hablar una lengua extranjera, sólo por detrás de Hungría y Bulgaria-, se optó por implantar el modelo de colegios bilingües.

Voy a referirme únicamente al modelo implantado en Madrid, que arrancó en el curso 2004/2005 en 26 colegios públicos de Educación Infantil y Primaria, dado que es el que conozco de primera mano. En una década, de aquellos 26 centros iniciales hemos saltado a más de 400 colegios (316 colegios y 91 institutos). Sobre el papel son buenas noticias, pues en estos centros dedican de media entre un 30% y un 50% de las horas lectivas semanales a las asignaturas en lengua extranjera. Sin embargo, cuando llevamos la teoría a la práctica nos topamos con el lado perverso del bilingüismo que la Comunidad de Madrid ha llevado a las aulas.

El aprendizaje de un idioma, como todo en esta vida, depende mucho de la facilidad que tenga cada persona; los hay que tienen buen oído y se desenvuelven en una lengua extranjera con pasmosa habilidad y, en cambio, quienes por mucho que lo intentan requieren de mayor esfuerzo para alcanzar ese mismo nivel. Ni qué decir tiene que una atención personalizada ayuda extraordinariamente a este último tipo de alumnos, aunque en el caso concreto de Madrid esta dedicación del profesor es pura quimera. Con los recortes a manos de la consejera Lucía Figar, la ratio de alumnos por clase se disparó y, además, las clases de diversificación que sirven de apoyo a los alumnos con más dificultades han ido descolgándose como consecuencia de la falta de profesorado.

En pocas palabras, la brecha entre los más avanzados en inglés -imagino que muchos de ellos con recursos para pagarse clases extraescolares en academias- y a los que les cuesta más se ha agrandado. ¿Qué hace el modelo de bilingüismo de la Comunidad de Madrid? Establecer élites. Sitúa en una clase a los alumnos top, a ese grupo de muchachos que se desenvuelven muy bien con el idioma; en una segunda clase al nivel intermedio; y, finalmente, en un tercer grupo al vagón de cola, compuesto por repetidores y estudiantes con más problemas para el aprendizaje.

Hablando en plata, si usted tiene un hijo o una hija a la que se le atraganta un poco el inglés y decide matricularle en un colegio bilingüe de Madrid para atajar el problema, lo que en realidad estará haciendo es condenarle al nivel más bajo no sólo en lengua extranjera, sino en el resto de las asignaturas. Cualquiera con unos mínimos conocimientos de pedagogía se dará cuenta de que un profesor con más de una treintena de alumnos con dificultades lo tendrá muy complicado para sacar adelante el grupo.

Además y aunque el refrán dice que "a mal alumno, mejor profesor", como en todas las profesiones, maestros los hay buenos y malos; es decir, que la cosa puede ser aún peor, porque podría darse el caso —me consta que se da en ocasiones— de que el profesor al que le asignan el vagón de cola incumpla con lo que debería ser pura vocación: sencillamente, que en lugar de motivarse aún más por el reto que se le presenta, directamente tire la toalla, puesto que lo que en realidad quiere es enseñar a la élite.

Eso es lo fácil, lo que brilla en el expediente, pero lo que realmente pone a prueba a un buen profesor es ayudar a quienes más les cuesta aprender. Ganar con el Real Madrid o el Barça una liga regional es sencillo, ni siquiera hace falta un entranador brillante; pero llevar a un 2ª B a lo más alto de la Primera División requiere de mucho trabajo, un entrenador brillante y un nivel de implicación excepcional... Y llevar eso a las aulas resulta algo complicado bajo el modelo elitista de bilingüismo que se padece en Madrid.