Opinión · Posos de anarquía

Micro-racismos

Hace años que escribí un reportaje sobre micro-racismos. Del mismo modo que hay machismo en mayúsculas que destaca de una manera bochornosa, pero cada vez más identificamos los micro-machismos que alimentan a los primeros, con el racismo sucede lo mismo. El racismo en mayúsculas salta siempre a la vista y lo rechazamos, pero los micro-racismos aún se nos cuelan, pasan imperceptibles a nuestra atención.

Aquel reportaje lo centré en lo difícil que lo tienen en España nuestros actores y actrices negros para conseguir papeles que no sean de inmigrantes o de personajes marginales, como prostitutas; cómo a pesar de que ellos mismos son españoles, nacieron y se criaron aquí y forman parte de nuestra sociedad, tienen que aceptar papeles que ya no representan a esa sociedad multicultural y multirracial como la nuestra.

CarmenaRealizando aquel reportaje conocí a un buen puñado de gente maravillosa, entre ellos a la magnífica periodista Lucía Asué Mbomío Rubio, a la que admiro como profesional y, especialmente, como luchadora en esta vida, tan puñetera tantas veces. Lucía me envió ayer un texto que hoy comparto con ustedes, mis queridos lectores, porque nadie lo expresaría mejor:

“Seguramente, muchos pensarán que es una tontería que, al fin, hoy, en el Ayuntamiento de Madrid, hayan anunciado que en la Cabalgata de Reyes tendrá lugar la noche del 5 de Enero, el rey Baltasar dejará de ser un señor blanco pintado de negro. Pero para otros tantos, no lo es. Se trata de un símbolo, hasta enero de 2015, de la negación.

En un país en el que vivimos personas negras de muchas partes del mundo  (sí, ¡incluso españolas!), resultaba atroz que alguien tuviera que tiznarse la cara y ponerse los labios rojos saliéndose de la línea natural para que parecieran más grandes y así recrearnos, como si no existiéramos, como si no los viéramos o como si nos diera igual.

Y de hecho, en efecto, hay gente para la que esto no era un problema pero para mí sí y me molestaba, especialmente, que Baltasar, el rey mago procedente de Abisinia, no sólo estuviera encarnado por alguien blanco, sino la repugnante caricaturización que se hacía de los afrodescendientes. Hasta la fecha, y he viajado por muchos países africanos, europeos y americanos, jamás he visto a un negro con los labios color rojo Channel.

Dejé de creer en la existencia de los Reyes Magos de Oriente cuando no tenía ni 4 años y la culpa la tuvo una cabalgata. Yo era pequeña pero veía bien. Ninguno de los negros de mi entorno manchábamos pero esos Baltasares sí. Cosa, he de decir, que me fastidiaba especialmente, teniendo en cuenta que con esa edad, otros niños, me preguntaban a menudo que si desteñíamos.

Gracias a la gente, instituciones, asociaciones, partidos, etc… que han luchado por esto (Foja, Yast, afro socialistas, personas de a pie y otros tantos), quizá haya más niños (y no sólo negros) que mantengan la ilusión  después de los 4 años y que piensen que, a pesar de lo que muestren los medios, un negro puede ser un rey y un rey “negro” puede dejar de ser un payaso (lo digo por la pintura)”.