Opinion · Posos de anarquía

Vox y la España muerta

Donde cualquier persona sensata diría que Vox llenó el Palacio de Vistalegre, el partido de extremaderecha habla de una “España viva” y de conquista. “La España viva ha conquistado Vistalegre”, son sus palabras exactas. Una frase basta para comprobar lo hueco del discurso de Vox que, implícitamente, nos llama “la España muerta” a quienes no seguimos sus postulados.

Escuchar al presidente de Vox, Santiago Abascal, es como oír a un Millán Astray de pacotilla que tira del ‘corta y pega’ de los argumentarios más casposos y falsos de foros fascistas. El tipo debió de sentir tal subidón por tener delante a 10.000 almas mirándole que hasta quiso sacudirse el sambenito de “fachas” “xenófobos” y “franquistas”, a lo que las masas enfervorecidas respondieron con un “a por ellos” y “el Valle no se toca”Completaría el propio Abascal el cacareo con su rechazo a la Ley de Memoria Histórica o la expulsión de inmigrantes ilegales.

Mirando muy atentos al fenómeno de VOX están PP y Ciudadanos. Ambos partidos son conscientes de que, incluso entre el electorado más desinformado, es poco probable que el partido de Abascal suba muchos enteros en el Congreso de las Diputados y los Diputados. Cosa bien distinta es que les arañe los votos suficientes para quitarles escaños necesarios en un hemiciclo cada vez más heterogéneo. Y antes eso, habrá reacciones.

Mientras Abascal se refiere al PP como la  “derechita cobarde que cambia de opinión” y a Ciudadanos como la “ambiguedad de los naranjas veleta”, los de Pablo Casado y Albert Rivera afilan sus garras. Ya venían haciéndolo, pugnando por ver cuál de los dos partidos es más reaccionario, más ultraconservador. Ahora endurecerán todavía más sus discursos, salvo una imprevista responsabilidad que hasta el momento no han demostrado. ¿O no es cierto que Casado ya venía pidiendo lo que Abascal pidió este fin de semana en Vistalegre (la ilegalización de partidos y asociaciones “que persigan la destrucción” de la integridad territorial)?

Y es que si la espina dorsal de Ciudadanos proviene del PP, la de Vox también. Durante décadas, las filas populares se han nutrido de una parte de la extremaderecha que ahora revolotea alrededor de la carroña populista de Abascal y de un Ortega Lara que olvida que entre las filas de la Guardia Civil que le liberó hay más de un millar de agentes de origen extranjero, de lo que en su día fueron inmigrantes que si hoy estuviera en su mano no pisarían su querida España.

Vox luce ese patriotismo vacío y absurdo que no tendrían si hubieran nacido en Senegal. Ese “queremos hablar de ESPAÑA con mayúsculas” y ese “tenemos un objetivo claro: los españoles estarán siempre primero” que ladran olvida que España se nutre de millones de extranjeros que tratan de hacer este pedazo de tierra un buen lugar en el que vivir, personas que aportan.

Ni Vox es la España viva ni nosotr@s la muerta. Este partido, en cambio, sí que representa a una España pretérita, que debió morir hace años y a la que están dando respiración asistida porque agoniza. Esa España llena de odio, del “o conmigo o contra mí” que desprecia a migrantes, la igualdad entre hombres y mujeres o cualquier confesión religiosa que no sea la suya -no digo ya el ateísmo-. Esa es, en realidad, la España que no puede tener cabida, a la que la gente de bien no debe ceder espacio.