Opinion · Posos de anarquía

El día que Otegi se convirtió en víctima

El líder abertzale Arnaldo Otegi / EFE

No sé qué suena más fuerte, si que Arnaldo Otegi no tuvo un juicio justo o que España, esa democracia de la que tanto presumen algunos, violó el artículo 6.1 de la Convención Europea de Derechos Humanos (derecho a un juicio justo). Las dos afirmaciones parten de una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y, a buen seguro, que habrá provocado que las hordas aborregadas acusen a este tribunal de nido de etarras.

Tanto Otegi como otros cuatro dirigentes abertzales (Jacinto García, Rafael Díez Usabiaga, Miren Zabaleta Tellería y Arkaitz Rodríguez Torres) son víctimas de la parcialidad de la Audiencia Nacional y, más concretamente, de la magistrada Ángela Murillo. Hoy no serán pocas las personas que carguen contra Estrasburgo, que lancen los más obscenos exabruptos y, por supuesto, que lo califiquen de etarra. Cuando lo hagan, se equivocarán, porque si contra alguien tienen que cargar es contra la magistrada Murillo, que ella sola con su parcialidad se ha encargado de echar por tierra una sentencia que, de no haber estado ella, seguramente habría sido la misma… pero no todo vale.

No se puede gobernar con revanchismo (ese que lleva a Ciudadanos o PP a negar el acercamiento de presos de ETA) y tampoco tiene cabida en una democracia moderna juzgar sin imparcialidad. En nuestro país se han dado -y se dan- ambas situaciones… ergo, no, no somos una democracia moderna y no lo seremos mientras no se cambien mentalidades que, por ejemplo, nos mantienen cautiv@s de una Constitución caduca.

El fallo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos vuelve a tirar por tierra a la Justicia española, precisamente, en un momento en el que se cuestiona si los políticos catalanes encarcelados merecen o no serlo. ¿Está existiendo también parcialidad en esta cuestión? Lo cierto es que en el caso de los Jordi, por ejemplo, hablar de “presos políticos” está más que justificado… incluso en las filas populares, pese a tratar de tener bien atado su argumentario, les falle el subconsciente, como le sudedió recientemente a su vicesecretario de Organización del PP, Javier Maroto, cuando en una entrevista en Cadena SER habló de “preso político” para referirse a Junqueras.

Así pues, queda encima de la mesa el cuestionamiento de la Justicia en ese procedimiento y, en lo que a Otegi se refiere, el posible levantamiento de lo que resta de su condena (aunque los seis años y medio en la cárcel que le han robado por un juicio injusto no se los devolverá nadie) podría habilitarlo de nuevo para cargo público… Y eso, repito, no es culpa de Estrasburgo, sino única y exclusivamente de la Audiencia Nacional y la magistrada Murillo. Carguen las tintas contra ellos porque son los que han convertido a Otegi en víctima.