Opinion · Posos de anarquía

Pedro Sánchez, el vendedor de coches

Pedro Sánchez, en la Fiesta de la Rosa del PSC. EFE / Alejandro García

Hoy entrevistaban a Pedro Sánchez (PSOE) en Cadena SER y quise esperar a escuchar al presidente en funciones para escribir esta tribuna. Lo cierto es que ha sido tan previsible como lo será el resto de la campaña electoral, no sólo del PSOE, sino también del resto de los partidos. Sánchez se ha revelado como un vendedor de coches, de esos de película estadounidense que venden humo o, como decimos por estos lares, un vende motos de tomo y lomo.

El líder socialista pretende vendernos dos realidades por encima del resto. La primera, que el PSOE no tuvo nada que ver con que el esfuerzo que hizo el pueblo español acudiendo a votar en masa el pasado 28 de abril (más de un 75%) se tirara por el retrete. Hace falta ser muy cínico para no cargar con siquiera una pequeña cuota de responsabilidad sobre su propia incapacidad para llegar a un consenso y constituir gobierno… o eso, o que realmente se lo crea y, de ser así, un presidente del gobierno con tal miopía política es una auténtica amenaza nacional.

La segunda realidad que nos vende con su verborrea pausada maquillada de buen talante -ya podría haber hecho gala de ello durante las negociaciones- es que cuantas más fuerzas políticas surgen, más evidente es que sólo hay una opción de garantía que, claro está, es el PSOE. ¿Acaso no aparecen nuevas formaciones, precisamente, por el descontento que existe entre el electorado de, entre otros partidos, el socialista? Pareciera que esas nuevas formaciones nada tienen que ver con la desafección que provocan Sánchez y su cohorte.

Derivada de esa última realidad, lo que el presidente del gobierno en funciones quiere hacer en última instancia es hacer descansar la responsabilidad del desbloqueo en el electorado. Dicho de otro modo, quiere que seamos nosotr@s mism@s l@s que hagamos lo que él, teniéndolo todo servido en bandeja de plata, no fue capaz de culminar. La desfachatez no tiene límites… como su lejanía de la realidad si de veras cree que el 10 de noviembre conseguirá los votos suficientes para no tener que llegar a ningún acuerdo.

Olvida el socialista que no sólo se valorará su fracaso en las negociaciones para formar gobierno, sino también sus 10 meses previos en La Moncloa, en los que la mayoría de las reconquistas sociales fueron producto de consenso con Unidas Podemos (UP) -que sorprendentemente, UP ahora parece no valorar esa fórmula para lograr objetivos-, con grandes promesas incumplidas, como la derogación de la reforma laboral o la ley mordaza (ojalá se le hubiera preguntado por eso).

Quienes sigan mis artículos, sabrán que desde el principio aposté por un acuerdo programático con UP sin que éste entrara en gobierno, especialmente, porque ninguno de los dos entendió lo que realmente es una coalición. Tanto PSOE como UP lo entendieron como dos gobiernos en uno, el primero creyendo que cediendo Empleo al segundo era dejarlo en manos inexpertas y UP ansiando áreas de gran responsabilidad por desconfiar del partido de Ferraz. El resumen es que ninguno de los dos partidos considera que en un gobierno de coalición todo haya que consensuarse; no es cuestión de repartirse ministerios y que cada uno imponga lo que quiera… claro, que sin haber sido capaces ninguno de los dos de alcanzar un acuerdo programático, ¿qué se puede esperar?

Pues humo, que es lo que hoy ha vendido Sánchez en la entrevista. La gran incógnita es cuántos coches conseguirá vender el 10 de noviembre, después de que los vendidos en abril ni siquiera hayan superado la revisión de los 10.000 kilómetros.