Opinion · Posos de anarquía

La Abuela Marihuana contra el sistema

Fernanda de la Figuera, activista de 76 años se enfrenta una pena de 4 años de prisión por cultivar marihuana con fines medicinales.

Fernanda de la Figuera, conocida como la Abuela Marihuana, se sentará en el banquillo el próximo miércoles. Me llena de alegría ver el apoyo masivo que esta activista del cannabis está recibiendo por parte de eminencias en la materia. Tras décadas cultivando plantas de marihuana en su finca, hechos sobradamente conocidas por las autoridades, ¿por qué ahora? Sencillo: las farmacéuticas están gestando un mercado privado de uso terapéutico que será un auténtico pelotazo. Ya hay empresas especializadas con una capitalización bursátil de más de 15.000 millones de dólares. Hay que callar a la voz que más fuerte ha gritado en favor del auto-cultivo.

Tuve el honor de conocer a Fernanda hace unos años con motivo de la organización de una tertulia sobre la legalización de la marihuana. Cuando la llamé, no dudó ni un segundo en aceptar la invitación, fiel a su espíritu divulgador. Fernanda se ha convertido en una amenaza para las grandes farmacéuticas, cuyo poder está demasiado infiltrado en las altas esferas, emponzoñando la justicia, incluso, la racionalidad más esencial.

El consumo de cannabis que siempre ha defendido Fernanda no había supuesto más que un ligero escozor en el pasado para las farmacéuticas. Esto ha cambiado. Las predicciones sitúan el mercado de cannabis de uso terapéutico en 50.000 millones de euros en cinco años… En España, un bocado de 5.000 millones para 2025. ¿Alguien cree que la industria va a permitir sin oposición que esta activista siga haciendo ruido en favor del auto-cultivo?

Fernanda, que en 1996 fundó la Asociación Ramón Santos para el Estudio del Cannabis (Arseca), ha viajado por todo el mundo, conociendo de primera mano procesos de legalización como el que tuvo lugar en Uruguay. Este caso bien ilustra cómo España la está pifiando. El año pasado, durante la celebración en México de Confedrogas 2018 el secretario General de la Junta Nacional de Drogas de Uruguay Diego Olivera hizo balance de los cinco años de legalización del cannabis: ha caído el narcotráfico, se ha alejado a las personas de actividades delictivas y se han reducido los daños provocados por consumo de sustancia de baja calidad.

El camino no ha resultado sencillo, porque incluso los bancos chantajeraron a las farmacias que dispensaban cannabis. Hasta ese punto llega el sistema, cómo el capitalismo se opone a todo lo que ponga en riesgo sus beneficios, su trituradora de personas a las que despedaza para lucrarse. Imaginen, ¿quién compraría fármacos cannábicos legales de las farmacéuticas a un precio de 300 euros si fuera posible que todo el mundo pudiera plantar su propia marihuana? En España, el coste del tratamiento con un cannábico que se receta en consulta como si fuera un estupefaciente supera los 30.000 euros al año.

El daño del auto-cultivo que siempre ha defendido Fernanda va más allá del mercado de fármacos cannábicos: también perjudicaría al de opiáceos. Morfina, fentanilo, hidromorfona, oxicodona, tapentadol, metadona, petidina… El consumo de estas sustancias legales con receta en España se ha disparado tanto como la hipocresía social. Desde 2010, un 80%, nada más y nada menos.  Y nadie se lleva las manos a la cabeza mientras esas mismas altas esferas se colocan legalmente.

Mientras, este miércoles, una mujer de 76 años se sienta en el banquillo por abastecer -que no vender- marihuana con fines terapéuticos y medicinales a  más de un centenar de socias de una asociación de mujeres. Es una mujer contra el sistema, contra el retrógrado enfoque prohibicionista, contra un capitalismo al que la droga le resulta indiferente, siempre que el camello tenga cuello blanco.