Opinion · Posos de anarquía

Repentina alergia del PSOE al federalismo

Pedro Sánchez, en la presentación de la campaña Ahora España el pasado 30 de septiembre. EFE

La política tiene algo de darwiniana, de saber adaptarse a las nuevas situaciones, pues a medida que pasan los años acontencen nuevos hechos que es preciso gestionar. Sin embargo, el PSOE de las últimas décadas, y el liderado por Pedro Sánchez no es una excepción, confunde esa premisa con la volatilidad, con adaptar el programa y sus principios, no tanto a la realidad, sino al electorado. Los charlatanes de feria no deberían triunfar en política.

¿Cómo es posible pasar de defender una reforma federal de la Constitución, como el PSOE hacía en 2013, a no plantear solución alguna para la cuestión catalana? ¿Cómo es posible dejarse por el camino eufemismos intermedios, como el de la plurinacionalidad esgrimida en 2017? Parece complicado, pero Pedro Sánchez lo ha hecho. Su programa ‘Ahora sí’ borra de su texto cualquier propuesta que se pueda volver en su contra en un país en el que el tufo conservador comienza a hacerse irrespirable.

Sánchez asegura que el PSOE es un partido que siempre mirará a la izquierda, pero obvia apuntar que lo hace desde la derecha. Su programa se trufa con medidas progresistas, pero el hilo conductor discurre por la derecha. La ‘riverada’ que se ha marcado con el modelo de Estado, su vaivén en lo que supondría una solución a la problemática actual, así lo delata.

A su izquierda tiene al que definió como «su socio natural», a Unidas Podemos (UP) con un Alberto Garzón cada vez más desdibujado pero que aún atesora momentos de lucidez, como demuestra su apuesta por la república federal. Todo indica que el resultado electoral abocará al PSOE a buscar nuevos apoyos para gobernar; UP debería ser su alianza natural, si es cierto que tanto miran desde Ferraz a la izquierda, pero ¿es posible tal acuerdo si el argumentario actual de Sánchez precisamente lo bombardea repitiendo una y otra vez la perorata de «menos mal que no pactamos»?

El programa del PSOE se mueve entre la cobardía y el cinismo, pues eliminar su apuesta por la reforma federal de la Constitución parece sugerir al electorado que Sánchez le contará lo que sea preciso para ganar su voto. Asumido que los programas electorales son cúmulos de promesas incumplidas, la conducta del PSOE plantea un debate: ¿Qué es mejor en un partido político, que se defina con propuestas que no llevará a cabo o que renuncie a sus principios con tal de regalar los oídos a l@s votantes? Lo que parece claro es que ni una ni otra postura es respuesta a la abstención.