Posos de anarquía

España no se rompe, se desangra

Manifestación contra la violencia machista en Barcelona - Joel Kashila.

Mónica Linde (28 años), asesinada en Esplugues de Llobregat (Barcelona) junto a su hija Ciara (3 años), el 6 de enero por Rubén Darío (27 años), su expareja.  Judith Sánchez (29 años), acribillada a tiros en Terrassa (Barcelona), por Carlos Portero (42 años), su expareja, que era agente de los Mossos d'Esquadra. Liliana Mateescu (43 años) asesinada a puñaladas en La Puebla de Almoradiel (Toledo), el 22 de enero, por Dimitri Mateescu (50 años), su pareja. Mary (70 años aprox.), asesinada a cuchilladas en Caniles (Granada), el 23 de enero, por su pareja.

Cinco mujeres asesinadas por hombres en crímenes de violencia de género en los 23 primeros días del año. Una auténtica atrocidad. Ninguna de ellas había presentado denuncias previas contra sus asesinos, a pesar de que el entorno conocía las agresiones de sus asesinos, a los que también tenemos que empezar a poner nombre. ¿Acaso podemos reprochar que no se denuncie? En absoluto, porque ese es un paso que lleva aún más al abismo a las víctimas en, la mayoría de los casos, han de velar también por el bienestar de sus hij@s.

Denunciar significa exponerte aún más al agresor y, lo que en ocasiones resulta peor, a todo su entorno, que puede llegar a hacerte la vida imposible. Denunciar significa meter entre rejas al padre de tus hij@s, no siempre conscientes del infierno que pasa su madre, precisamente, porque ella hace lo posible por ocultárselo en su afán por protegerl@s. Denunciar significa declarar, con frencuencia ante agentes que no tienen ni la formación ni la sensibilidad suficientes para abordar el caso de una mujer destrozada psicológicamente y, a veces, por espacio de cerca de 10 horas. Denunciar significa tener que volver a acudir a comisaría para ratificar la denuncia y exponerse al maltratador y su entorno... ¿de verás hay quien tenga valor de reprochar que no se denuncie?

Es imposible escribir una artículo como éste sin que a uno le hierva la sangre por dentro, cuando uno piensa en cómo la extrema-derecha banaliza esta denuncia, si no la niega directamente. Quienes todavía no asumen que hay mujeres que son asesinadas sólo por el hecho de ser mujeres tienen un problema. Quienes sí lo comprendemos, también, porque cinco mujeres asesinadas en 23 días es un problema nacional, porque mientras la derecha patalea porque "España se rompe", nosotr@s gritamos que lo que en realidad sucede es que "España se desangra", con la sangre de miles de mujeres asesinadas por hombres, cegados por su machismo.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, tiene ante sí un auténtico desafío pues su responsabilidad no es única, sino compartida. Atajar de una vez por todas el terrorismo machista es una cuestión transversal, que desde Igualdad ha de coordinarse con Interior, Justicia, Educación... No se trata únicamente de dotar económicamente la patente falta de recursos que existe en esta lucha, sino también de replantear procesos, de reforzar y simplificar la senda de protección que precisan las víctimas, que para sobrevivir han de dejar todo atrás, marchar a otro rincón de España. Hay que revertir la situación cuanto antes, no podemos permitirnos el lujo de que lleve generaciones hacerlo.