Posos de anarquía

Este 1 de mayo, ni un paso atrás

Manifestación del 1 de Mayo, Día del Trabajador, en Madrid en 2019. / EFE

La fiesta del 1 de mayo siempre tuvo dos caras: la de la celebración por todos los derechos laborales conquistados durante años, no sin demasiados sacrificios; y la de la reivindicación de los que restan por conseguir, así como que no nos arrebaten los que ya tenemos. Este 1 de mayo, con los peores datos de empleo desde 2013 y unas perspectivas aún peores, ni un paso atrás.

Podría pensarse que en una época como la que vivimos, en la que si el COVID-19 ha puesto algo de manifiesto es que sin solidaridad no vamos a ninguna parte, se reduciría el número de tropelías. No es así. Los sindicatos venían advirtiéndolo y se ha constatado: el coronavirus no se ha llevado por delante la ruindad de ese empresariado indeseable que ni siquiera en un momento como el que enfrentamos deja de robarnos.

La cifra de fraude en ERTE es escandalosa; bastaría media docena de casos para que, con la que está cayendo, lo fuera. Ese empresariado mezquino que obliga a trabajar a sus trabajadores y trabajadoras mientras se encuentran en ERTE deberían recibir penas tan duras que jamás quisieran volver a intentar tamaña barbaridad. Algo me dice que no será así, por muy dura que fuera la pena, ¿saben por qué? Porque ni siquiera padecen la condena social.

Nos hemos relajado; hemos normalizado con demasiada facilidad los atropellos laborales, los abusos del empresariado, ese tan avaricioso que cuando vienen mal dadas buscan el abrigo del Estado y que, cuando se llenan los bolsillos, repudian de los poderes públicos y de la misma ley como alma que lleva el diablo.

Nos venden una verdad que no se corresponde con la realidad. Con el terrible impacto en la economía del COVID-19, el discurso dominante es que se han destruido cientos de miles de empleos. Mentira. En el fondo, ya nos habíamos encargado de destruirlos antes nosotr@s mism@s, encajando con resignación que la precariedad y la temporalidad son normales.

Si ese mismo discurso dominante dice que el coronavirus se ha cebado con los colectivos más vulnerables es porque, previamente, nuestro mercado de trabajo ya se los había merendado. Por eso, este 1 de mayo, ni un paso atrás; desconfíen de quienes más se presentan como salvadores o salvadoras, quienes hablan de reactivación porque, seguramente, son l@s mism@s que no cambiarían una buena temporalidad y una serie de contratos encadenados si ello implica llenarse menos los bolsillos.

Ni antes ni ahora asuman la precariedad porque ya les avanzo que son much@s l@s que ya se están frotando las manos y afilando sus colmillos para sorberles hasta la última gota de sangre aprovechando las oscuras puertas que abre la desesperación. No lo permitan, no lo permitamos. En eso consiste la lucha obrera.