Posos de anarquía

Acomplejados sin identidad

Cayetanos, Borjamaris, Cucas... da igual cómo se les llame, tod@s ell@s tratan de fotocopiarse unos a otras, envuelt@s en la bandera nacional y cacareando idéntico dicurso, repleto de contradicciones y sinsentidos, en su afán por buscar una identidad que no hallan ni hallarán... carecen de ella y se apelotonan sirviendo de munición a una extrema-derecha cada vez más histriónica.

Vemos estos días a las derechas alentar a sus hinchadas a salir a la calles, envueltas en la enseña nacional, para protestar contra el Gobierno. Hoy mismo, los amiguetes de Vox se han marcado una secuela de Los locos de Cannonball, aunque con mucha menos gracia.

Me hace reír esa obsesión por envolverse en la bandera que, según la RAE, es una "tela de forma comúnmente rectangular, que se asegura por uno de sus lados a un asta o a una driza y se emplea como enseña o señal de una nación, una ciudad o una institución". El origen de las banderas se remontan a la antigua Persia, a cerca de 5.000 años a.C. Su uso se justificaba en la distinción entre pueblos, reinos o ejércitos.

En este punto uno se pregunta qué sentido tienen utilizar la bandera de España entre españoles y españolas. ¿Acaso Santiago Abascal con su mascarilla con la bandera de España y el resto del kit nacional (pulserita, llavera, correa del reloj...) me está queriendo decir que es más español que yo? Que para él la perra gorda, también les digo...

No es que defienda las banderas, que personalmente creo que tapan más que revelan, pero al menos ¡usénlas cuando y para su propósito, carajo! La fijación por las derechas de utilizar símbolos de distinción en ámbitos en los que no es necesario me lleva a pensar en que, quizás, lo que sucede en realidad es que padecen un complejo de identidad que precisa de reafirmación. Por eso en sus reuniones falangistas, en las que a cada cual es más facha, tod@s ell@s tratan de reafirmarse con símbolos fascistoides.

No es que me den pena, pero desde luego no puedo decir que quisiera estar en su posición. Ese vacío existencial de quienes precisan aferrarse a un símbolo que, sobre el papel, agrupa al más rojo y al más facha si nacieron en el mismo territorio nacional, no parece sano.

Me agrada cómo la bilis que vemos en esas manifestaciones, motorizadas o a pie, hacen carcajearse a las personas demócratas que, no obstante, miran con recelo cómo nos ponen en peligro a tod@s por no guardar la distancia de seguridad. Pobres, además de acomplejados -ni siquiera encajan bien su condición de fascistas- igual hasta enferman... y entonces, un/a compatriota que no precisa envolverse en trapos, los salvará con el dinero de tod@s, incluido el de l@s rojos y rojas.