Posos de anarquía

Fase 1 sin turistas, a la caza de nuevas víctimas

Hoy arranca la Fase 1 en Madrid, esa que ha perseguido su gobierno autonómico con tanto ahínco que antepuso sus intereses comerciales a los sanitarios -continúa haciéndolo con sus nuevas propuestas de traer medidas de Fase 3 a la 1-. En este punto, me pregunto: ¿qué harán esos negocios que dieron la espalda al pueblo madrileño y centraron su actividad en el turismo incauto que cae en sus estafas?

Mi querida Madrid, como sucede en las grandes capitales, guarda para su vergüenza auténticos espacios de fraude que, lejos de ser ilegal, sí es inmoral. No citaré nombres concretos porque, en el fondo, quienes conocemos bien la ciudad sabemos perfectamente los restaurantes que venden sus paellas precocinadas a precio de oro en enclaves emblemáticos.

Todas y todos tenemos en mente esa plaza madrileña, foco turístico por excelencia, en la que quienes regentan los restaurantes perimetrales hacen su agosto todos los meses del año acosta de la ingenuidad del turista, que cree que se ha comido una paella de postín -que ni siquiera pertenece a la tradición gastronómica madrileña- pagada, eso sí, por una cantidad astronómica, muy alejada del bolsillo del madrileño o madrileña.

¿Qué harán esos establecimientos ahora? ¿Saldrán del lado oscuro? ¿Normalizarán sus precios y comenzarán a servir comida a la altura de lo que publicitan? Sin víctimas turistas, parece que no les queda otra... o no debiera al menos, pero eso parece estar más en la mano del pueblo madrileño, que puede correr a reemplazar a esas víctimas turistas o plantarse ante la gentrificación... Hace casi un mes que escribí Nos echaron de los barrios y ahora quieren que volvamos y poco a poco se confirma...

Hay que andarse con ojo cuando uno expone críticas al intocable sector turismo, que se cree a salvo de cualquier crítica por su peso en el PIB. No hay más que recordar las polémicas palabras del ministro de Consumo Alberto Garzón. Su error fue generalizar el poco valor añadido que aporta el sector turístico. Ahora bien, ¿merecía eso la exigencia de su dimisión, como se precipitaron a pedir algunos sectores?

Tan excesiva fue esa reacción como no asumir los pecados de un sector convertido en una auténtica máquina de economía sumergida. Si es importante destacar el esfuerzo y el trabajo por aportar ese valor añadido de buena parte del Turismo, no lo es menos solicitar que no eluda la autocrítica, que no evite condenar esas malas prácticas que tanto se dan en este segmento de actividad. Hablo de trabajar sin contrato, sin Seguridad Social, pagando precariamente en B... sin ni siquiera horario, a demanda según el pico de trabajo...

Sorprende que los ofendidos por las palabras de Garzón se abstrajeran de esa otra realidad. Quizás porque entre ellos, no sólo estaba la parte honrada que, efectivamente, tenía motivos para ofenderse por la generalización, sino también esa otra parte miserable que se llena los bolsillos por el camino de la ilegalidad. Como sucede en todos los sectores, la autodepuración de los mismos en lugar del encubrimiento ha de ser la mejor baza para, no sólo su reconocimiento, sino su propia subsistencia.