Posos de anarquía

El beneplácito a la estafa de Bankia

Rodrigo Rato en una imagen de archivo.

"El Banco de España, actúa, en realidad, como un lobby de la banca privada, transformando esta agencia pública en uno de los mayores promotores de las políticas neoliberales que han dañado enormemente, no solo el bienestar de la población como ya he indicado, sino también la eficiencia de la economía española". Son palabras del profesor Vicenç Navarro en su artículo sobre Lo que no se dice de la privatización y fusión de Bankoia con CaixaBank. Quienes aún dudaban de una afirmación tan dura, ayer abrirían los ojos al conocer la sentencia del caso Bankia, que absuelve a todos los acusados.

Lo triste de la noticia de ayer no es la sentencia en sí, sino que no haya provocado una gran sorpresa, especialmente en pleno proceso de fusión de Bankia y CaixaBank. ¿Se imaginan los efectos que hubiera tenido en él la confirmación de que la salida a Bolsa de Bankia fue una estafa? Ese era un lujo que no se pueden permitir quienes nos han presentado la fusión como un movimiento beneficioso para el país. Hay demasiados intereses poderosos cruzados.

A pesar de existir sentencias previas que avalaban que se produjo tal estafa, incluso, de las grandes sumas de euros que Bankia ya había pagado voluntariamente en concepto de indemnización, la Audiencia Nacional se desmarcó ayer, tiró por la calle de enmedio, y dio carpetazo al asunto dando como legítimas las acciones de los organismos reguladores, con el Banco de España a la cabeza.

Y digo legítimas, y no buenas o correctas, porque lo que viene a decir la sentencia es que todas ellas dieron su beneplácito para la operación, por lo que no se puede reprochar a Bankia que estuviera haciendo algo mal. ¿Cuál es el mensaje perverso que se oculta en este desenlace? Que no importa si hubo o no estafa, sólo que contaba con la vía libre de los reguladores y eso, víctimas de aquella operación, es un cheque en blanco.

¿Quién regula al regulador? ¿Quién vigila al vigilante? Porque si algo ha evidenciado el caso Bankia es que el sistema no funciona. Hace aguas por todos lados, poniendo en la diana a las personas. Nos sobran los motivos para desconfiar de un sistema bancario tan amigo de la usura, tan deudor de un rescate bancario que ni ha pagado ni pagará con la connivencia de los gobiernos pasados y del actual.

Ahora, además y para quien aún no se hubiera percatado de ello, también nos sobran los motivos para desconfiar del Banco de España, el mismo que vende las bonanzas de una fusión bancaria Bankia-CaixaBank que no traerá nada bueno a la clase trabajadora, tal y como expone de manera excepcional el profesor Navarro.