Posos de anarquía

Bocazas que hacen caja

Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy en una foto de archivo, dos posturas muy diferentes de lo que debe ser su retiro político. - REUTERS

Esperanza Aguirre, la lideresa emérita del PP de Madrid, volvió a abrir la caja de Pandora del partido del que lleva comiendo toda una vida. Con sus acusaciones de "niñatos" y "chiquilicuatres" consiguió que desde Génova se rompiera el veto de Pablo Casado a hablar de corrupción; lo hizo el número dos del partido, Teodoro García Egea, para admitir y recriminar cuán corrupto ha sido el PP de Madrid, hasta el punto de "destrozarlo".

La carrera por el liderazgo madrileño y la constante amenaza que representa Isabel Díaz Ayuso para Casado se encuentran detrás de las incendiarias declaraciones de Aguirre. Huelga decir que para el resto de partidos, desde la extrema-derecha a los partidos del ala izquierda, fue un buen día. A fin de cuentas, las guerras intestinas del principal partido de la oposición desdibujan aún más el liderazgo de Casado y, además, les lleva a asumir la corrupción con que han gobernado; eso es un plato que sus rivales saborearon con gusto.

Sin embargo, cabe preguntarse hasta que punto dar voz, otorgar este protagonismo a un personaje como Aguirre tiene sentido. No sólo a ella, también a José Mª Aznar, Felipe González, Alfonso Guerra, Albert Rivera... Si te retiras, te retiras. Todos ellos recuerdan a ese torero que años después de cortarse la coleta y darse su baño de multitudes y homenajes, vuelve a los ruedos para seguir haciendo caja. En cierto modo, todos estos políticos también torean, les ponen los capotes a los medios de comunicación y estos entran a él a ciegas, llevando consigo a las redes sociales que maman de ellos y que embisten con fuerza al vacío.

La importancia que se otorga a cualquier valoración, ocurrencia o chascarrillo que escupe la vieja guardia desde su retiro, por lo general, tan solo sirve para intoxicar, para enfangar la vida política. Los medios son los primeros que abren la puerta para que esto suceda y las redes sociales hacen el resto. Bien lo sabe esta pléyade de lenguaraces que vive de ello, que se aferran a sus exabruptos para seguir en el candelero, para continuar  en escena a cualquier precio y mantenerse en conferencias, cursos de verano, consejos de dirección o publicando libros que dicen haber escrito. Bocazas que hacen caja. Figúrense la desfachatez que destilan que la propia Aguirre, en lugar de recogerse ante el evidente fraude cometido con un Goya, sale a la palestra.

Dos excepciones podemos encontrar; por un lado, José Luis Rodríguez Zapatero, que aún entrando también en esta deriva tóxica, al menos ha ejercicio de mediador y observador internacional en Latinoamérica; por otro, Mariano Rajoy, que como ya hizo cuando era presidente de España, prefiere esconderse. El gallego mantiene la misma línea que cuando estaba en La Moncloa porque él ha sido el político que sin moverse más ha avanzado. Incluso en los momentos en los que sus comparecencias eran imprescindibles, Rajoy se quedaba en su madriguera. Ahora hace lo mismo y, sinceramente y aunque sorprende su participación en la inminente convención del PP, no sólo es de agradecer, sino que debería servir de ejemplo para el resto de jarrones chinos políticos.

Del mismo modo que los medios de comunicación han hecho autoexamen de cómo se ha de informar de las provocaciones de las extrema-derecha para no seguir dando alas al fascismo, deberían hacer lo mismo con estos bocazas que ya no tienen que aportar a la vida política del país. Hacerles el caldo gordo nos perjudica, enturbia el día a día y genera más crispación, alejando el foco de lo que realmente importa, de lo que hace que nuestra calidad de vida mejore... la que seguro que sí mejora, es la suya, con los bolsillos más llenos.