Posos de anarquía

Moreno Bonilla exige diálogo

Moreno Bonilla durante una conferencia en Madrid.- EFE

El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno (PP), se ha pasado de frenada. Ayer pidió una mesa de diálogo para Andalucía como la que hoy tendrá lugar entre el Gobierno de España y el Govern de Catalunya para "evitar que se negocien privilegios para un territorio en detrimento del resto". Quizás es que ha inhalado demasiado humo en el incendio de Sierra Bermeja o, más bien, que quiere aprovechar ese mismo humo para correr una cortina que tape su pésima gestión antes, durante y después de este incendio.

¿Qué tiene que ver la situación actual de Andalucía con la de Catalunya? Nada. Absolutamente nada. El Partido Popular (PP) que representa Moreno Bonilla lleva años ciego con sus hipérboles, ha sobreactuado hablando de "golpe de Estado", de "rebelión" en Catalunya y, precisamente cuando el Gobierno trata de resolver el entuerto que propició el Ejecutivo de Rajoy con su desidia, intenta boicotearlo. Curiosa manera de pedir diálogo: exigiéndolo.

Ante esta situación cualquiera diría que Moreno Bonilla ha adoptado una postura antipatriótica, desleal con su país. Su ocurrencia de ayer está fuera de lugar y es impropia de un gobernante de altura; evidencia, pues, la bajeza que tienen los populares, incapaces de remar a una en favor del país cuando ellos no llevan el timón.

Afirmar como de hecho hizo ayer el presidente andaluz que en la mesa de diálogo con el Govern se van a negociar "privilegios para un territorio de España en detrimento de otros" demuestra el pésimo diagnóstico que la derecha ha realizado siempre de la cuestión catalana. No se trata de negociar privilegios con una región específica, sino que el problema de fondo es el mismo modelo de Estado. Por eso, la demanda de Moreno de que "si en Catalunya se sientan seis ministros y el presidente, en Andalucía se tiene que sentar Sánchez y seis ministros", no responde a un deseo de igualdad, sino de estar entre los privilegiados.

Que en España existen diferencias intolerables entre territorios es innegable; como lo es que el sistema de financiación autonómica precisa repensarse. Sin embargo, ninguna de estas cuestiones son las realmente importantes en la mesa de diálogo, especialmente, porque Catalunya está del lado de las privilegiadas. ¿De veras Moreno Bonilla cree que a la Generalitat le hacía falta organizar un referéndum y movilizar a más de la mitad de la sociedad catalana para reclamar más financiación? Con lo sencillo que lo hacen en Esukadi con el cupo vasco...

No sé qué es peor, si asumir que el PP está perdido y no ve más allá de sus narices cuando mira a Catalunya o que, sencillamente, está  dispuesto a minar al gobierno de Pedro Sánchez a cualquier precio, incluso al de hundir al país como ya ha tratado de hacer en varias ocasiones Pablo Casado en Europa, promoviendo que nos recorten la partida de Fondos Europeos para la Recuperación.

De lo productiva que sea o no la mesa de diálogo, que es una carrera de fondo, depende que se pueda comenzar a poner encima de la mesa la reformulación de nuestro modelo de Estado. Hace falta coraje y determinación, porque eso supondrá abrir el melón de la Constitución y, con ello, de la jefatura de Estado, dando al fin la oportunidad al pueblo español de elegir libremente si quiere una monarquía carente de funciones y sentido o no. Son demasiadas las repercusiones que, sin embargo, cuanto más se demore afrontar, mayores serán los problemas y los frentes que se irán abriendo, mientras en el PP tan sólo piensan en lo único que parece importarles, el dinero.