Posos de anarquía

Casado se rinde al sainete de Rajoy

Pablo Casado aplaude a Mariano Rajoy durante la convención nacional del PP. - Partido Popular.

La convención nacional del PP que arrancó ayer y se prolongará hasta el próximo fin de semana nos va a regalar muchos titulares. Ya lo hizo antes de su inicio, cuando desde Génova se anunció la participación de los expresidentes José Mª Aznar y Mariano Rajoy para tratar de reforzar el liderazgo de Pablo Casado, que se le escapa entre los dedos y, como ya ha advertido prensa internacional como The Financial Times, va a parar a Isabel Díaz Ayuso.

Precisamente la intervención de Rajoy del lunes, con permiso de la próxima de Aznar que será aún más disparatada, merece algunos comentarios. El gallego jugaba en casa, en Santiago de Compostela, y con su tono campechano rozando la bobería volvió a instalarse en el discurso de que el PSOE destroza la economía del país y ha de llegar siempre el PP para levantarla.

A Rajoy le encanta descontextualizar, es un primera clase a la hora de manipular la realidad a su antojo y, gracias a su aspecto pazguato, gana credibilidad ante una audiencia lela. Olvida mencionar el expresidente que los populares han tenido la fortuna de comenzar a gobernar en las salidas de crisis económicas con las que ha tenido que lidiar la izquierda y que acostumbran a ejecutar sus gobiernos en periodos de bonanza económica cuyo origen es global, sin que nada tenga que ver con ello su gestión.

Como ya he apuntado en este espacio en alguna ocasión, eso es precisamente lo que más teme Casado, que la mejora de la economía que todos los expertos barruntan a partir de 2022 sea el viento de cola que favorezca la consolidación de Pedro Sánchez. Por ese motivo, toda su narrativa se dirige a pedir adelanto electoral porque, como en ocasiones anteriores, quiere ser el PP quien se beneficie de los ciclos económicos más positivos.

Rajoy sacó pechó de su gestión y no sorprende, considerando que, aunque hoy ande mendigando liderazgo y por eso precise de su abrigo, Casado haya repudiado de ella. Por presumir, incluso, presumió de haber evitado el rescate de los 'hombres de negro' de la Unión Europea (UE). Olvida Rajoy que fue precisamente con él y con Luis de Guindos como ministro de economía  -actual vicepresidente del Banco Central Europeo- con quienes se rescató a la banca con 60.000 millones de euros de dinero público, que prometerieron que los bancos nos devolverían y que, a diferencia de otros rescates bancarios  como el estadounidense, hemos perdido mientras continúan los desahucios, los EREs y las comisiones abusivas.

En este mismo sentido, el expresidente rozó el esperpento al afirmar que "la reforma laboral ha funcionado y lo reconoce todo el mundo. ¿Qué necesidad hay que de cambiar lo que funciona?". ¿Qué mundo? El suyo, el paralelo que orbita en su sesera, porque cuando organizaciones que no son sospechosas de progresistas como Cáritas denuncian cómo la pobreza avanza, incluso, entre quienes tienen trabajo, no puede alabarse una reforma laboral que nos sumió en la precariedad.

Escuchando el tono bobalicón de Rajoy, surgen las dudas acerca de si realmente cree lo que dice o si es un maestro de la manipulación. Quizás ambas, aunque en distinto orden cronológico: manipula la realidad a su antojo con tal soltura que termina creyéndosela él mismo y eso, ante su público bodoque, gana credibilidad. De otro modo no se entiende que el gallego criticara el surgimiento de los populismos al calor de demonizar a la migración, de tacharla de "exagerada". Lo inaudito no es que afirme tal cosa, sino que se desmarque de utilizar la xenofobia a su favor cuando precisamente bajo su mandato se llegó a eliminar la sanidad universal a la población migrante.

Del mismo modo, la guinda de la actuación de Rajoy, el momento cumbre del sainete que  nos regalaron ayer Casado y Rajoy fue cuando éste habló de la corrupción como si no fuera con él. La corrupción fue lo que lo apeó del Gobierno con una moción de censura aplastante; la corrupción estructural del PP, sentencia judicial incluida, es la que propició que el mismo Casado pusiera en venta la sede de Génova, sin que en ocho meses se hayan mudado aún, y haya instaurado en el partido la ley del silencio, con la excepción de cuando es necesario responder a las críticas de Esperanza Aguirre tras tacharlos de "niñatos" y "chiquilicuatres".

Rajoy no tenía necesidad de participar en la convención nacional del PP; no es Aznar, que vive de generar polémica, de seguir en el candelero soltando de tarde en tarde alguna majadería. Sin embargo, desaprovechar la oportunidad de tener a Casado comiendo de su mano, poner el aro al actual presidente del PP y ver cómo salta a su orden, era demasiado tentador. Y se lo quiso regalar. Así, Rajoy reinvindicó su mandato y se puso hueco de satisfacción al ver cómo Casado, a diferencia de lo que hizo en el pasado, no tuvo más remedio que regalarle los oídos y aplaudir sonriente su legado... evidenciando que en Aravaca regalarán másters, pero no integridad.