Posos de anarquía

Cae la careta de Marruecos y se muestra criminal

Disturbios tras el desmantelamiento del campamento de protesta saharaui de Gdeim Izik. AFP

Marruecos dista mucho del paraíso que venden las campañas turísticas que promueve el régimen de Mohamed VI. El país se ha convertido en uno de los socios de la Unión Europea (UE) donde la violación sistemática de Derechos Humanos (DDHH) es la norma, una práctica habitual hacia la que España y el resto de Europa miran a otro lado mientras masacra a cientos de personas al año. Tras la matanza en la frontera con Melilla, llega una queja grupal ante el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detención Arbitraria alegando tortura y persecución política a activistas saharauis.

En noviembre de 2010, unos 15.000 saharauis residentes en el Sáhara Occidental ocupado ilegalmente por Marruecos montaron el campamento Gdeim Izik como protesta pacífica contra la discriminación económica y social que sufrían. El campamento fue violentamente desmantelado por la policía marroquí, ante lo cual el gobierno español, entonces con José Luis Rodríguez Zapatero como presidente y Trinidad Jiménez como titular de Exteriores, avalaron la actuación marroquí, pese a haberse producido, incluso, víctimas mortales.

Lo que siguió a aquella masacre no fue mucho mejor: detenciones arbitrarias, confesiones firmadas bajo tortura y 23 prisioneros saharauis condenados a penas de prisión que van de los 20 años a la cadena perpetua. Aquel juicio irregular de 2013 por un Tribunal Militar fue recurrido y en 2017 la apelación ante un tribunal civil ratificó las condenas para 19 saharauis.

En aquella apelación, Human Rights Watch, Amnistía Internacional y los Procedimientos Especiales de la ONU denunciaron tanto la tortura como el uso de confesiones firmadas bajo tortura en un proceso que, en realidad, no era más que una persecución política a activistas saharauis. Ahora, 18 de los prisioneros de Gdeim Izik y sus familias han presentado esta queja grupal con ayuda de Mads Andenas, profesor y ex Presidente-Relator del Grupo de Trabajo de la ONU y Gianfranco Fattorini, Co-coordinador del Grupo de Apoyo de Ginebra para la Protección y Promoción de los Derechos Humanos en el Sahara Occidental.

Andenas destaca la contradicción de que al tiempo que Marruecos firmó y ratificó los tratados de la ONU, "es conocido por su notorio incumplimiento y falta de respeto de los instrumentos internacionales, su no aplicación de las decisiones de la ONU y su castigo a las víctimas que cooperan con la ONU".

La queja es fruto de mucho esfuerzo y un intenso trabajo que no habría sido posible sin la implicación de las familias, que vienen denunciando el secuestro y tortura de sus seres queridos, y el apoyo de la Liga para la Protección de los Presos Políticos Saharauis en las cárceles marroquíes (LPPS), e ilustra la inoperancia de la ONU.

¿Cómo es posible que el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria haya documentado que Marruecos reprime, tortura y encarcela a saharauis que abogan por la autodeterminación y no se actúe en consecuencia? Hablamos de víctimas con nombres y apellidos, puesto que recientemente el Comité contra la Tortura de la ONU acusó a Marruecos de mantener en prisión a los saharauis Mohammed Bourial y Sidi Abdallahi Abbahah después de haber obtenido sus confesiones bajo tortura; misma conclusión a la que ya había llegado antes con Naama Asfari, represaliado por cooperar, precisamente, con la ONU.

La denuncia hecha pública por el Grupo de Apoyo de Ginebra pone de manifiesto cómo, una vez más, los intereses geoestratégicos de las distintas potencias se anteponen a la defensa y el respeto de los DDHH. Presenciar el inmovilismo de la ONU, pese a que sus propios organismos señalan públicamente los crímenes cometidos por el régimen de Mohamed VI, es indignante.

Así las cosas, esperar del gobierno de España o de la UE una defensa de los DDHH resulta ingenuo. Por este motivo, acciones colectivas como ésta, sumada a las que Marruecos ni siquiera se molesta en ocultar como las matanzas en la frontera sur, son importantes a la hora de desenmascarar un régimen que choca frontalmente con esos valores europeos que Felipe VI defendió la semana pasada durante la Cumbre de la OTAN. Defender a Marruecos es ponerse del lado del agresor, de la violencia, y el criminal y, al hacerlo, se es cómplice. Ante el doble rasero de la ONU, de España y de la UE, la opinión pública ha de mover ficha y no pasar por alto a quien tiene las manos manchadas de sangre.