Posos de anarquía

La OTAN ilustra el fracaso de la política

La OTAN apuesta por abordar la migración como amenaza en lugar de aceptar que Occidente es parte radical del problema. Pascal Rossignol / Reuters

Este miércoles se inicia la Cumbre de la OTAN en Madrid rodeada de un aire triunfalista de fortalecimiento cuando en realidad, si se analiza objetivamente, lo que ilustra es un fracaso rotundo de la política. La necesidad imperiosa de incrementar el gasto militar -en el caso de España, como mínimo, ha de doblarlo- delata la incapacidad de los miembros de la Alianza para el mantenimiento de la paz y, por mucho que intenten desviar la mirada hacia otro lado, la falta de unidad y entidad de la Unión Europa (UE), absolutamente incompetente para desmarcarse de la OTAN y hablar de tú a tú a EEUU, al que continúa rindiendo una pleitesía obscena.

¿Recuerdan aquella teoría que circuló durante muchos años en el mercado que apuntaba que eran las compañías de antivirus las que creaban los virus para mantener su negocio y justificar su existencia? Pues cierta o no, es lo mismo que sucede con la OTAN, cuyo mandamás, esto es, EEUU, es quien lleva las riendas y fuerza, sino inicia directamente, conflictos bélicos que le ayuden a reclamar más OTAN. En la misma guerra de Ucrania y pese a que es obvio que el máximo responsable es Putin, la Alianza, sus ansias expansionistas y su soberbia imprudente han tenido mucho que ver.

La maquinaria de marketing político se ha puesto en marcha y todas sus piezas, convenientemente engrasadas, ya giran al son de EEUU, incluido Felipe VI, que en los prolegómenos de la Cumbre llegó a asegurar que "la Alianza está demostrando su valor como faro de libertad". Una afirmación difícil de sostener considerando que en apenas dos décadas de este siglo la OTAN ya ha dejado más 350.000 civiles muertos y 38 millones de desplazados... o que ilustra la particular concepción de liberta del monarca, que apuesta por defender "un orden basado en reglas en Europa". El tufo a superioridad moral es insoportable, esa misma supremacía de valores que hace fracasar la política y la honestidad.

Por mucho que la ministra de Defensa, Margarita Robles, trate de vender a la opinión pública la necesidad de reforzar el arsenal armamentístico, esto no sería necesario si no se provocaran o evitaran los conflictos por la vía diplomática y se desplegaran políticas inclusivas, también en materia de relaciones internacionales. No es el caso de la OTAN y mucho menos de EEUU, tendentes a arrasar con su rodillo y a amenazar con esa Defensa de que presume Robles y que no difiere gran cosa de antecesores suyos como el señor de la guerra Pedro Morenés.

La última maniobra de la OTAN para justificar su existencia es considerar la migración una amenaza, estando dispuesta a combatirla militarmente. El faro de libertad del que habla Felipe VI apuesta por las bombas contra la migración que, en la mayoría de los casos, ha provocado Occidente, bien sea por esquilmar los recursos naturales de los países de origen o forzar conflictos que generan desplazados. Escuchar a Pedro Sánchez defender los Derechos Humanos (DDHH) en su comparecencia previa a la Cumbre es, cuanto menos, hipócrita, días después de su aplauso al comportamiento de la gendarmería marroquí que provocó la matanza de decenas de personas migrantes. Ni Sánchez, ni EEUU ni la OTAN pueden dar lección alguna de respeto por los DDHH después del modo en que han vendido al pueblo saharaui, tirándolo a los pies de los caballos del invasor ilegal que es Marruecos.

Justificar la existencia de la OTAN es aceptar la ineptitud e incompetencia de la UE y de EEUU en sus políticas por crear un espacio de convivencia común y por común entendemos el mundo, sin incluir a África únicamente como despensa o repositorio de recursos naturales como hacen EEUU y la UE. Quienes abrazan la Alianza promueven la polaridad, el restablecimiento de la Guerra Fría y la política de bloques, abriendo la puerta de par en par que Rusia haga exactamente lo mismo resucitando el Pacto de Varsovia. Moscú no tiene más que tomar bajo su ala a todos aquellos enemigos de EEUU o a los que la OTAN considera amenazas por ser países de origen de migración. No le van a faltar candidatos, incluida la poderosa China y, entonces y aunque lo haga, la Alianza no estará legitimada para tirar balones fuera porque su responsabilidad será directa. Ni faro de libertad ni defensa de DDHH, simplemente y como apuntó el Borbón, impositor de valores.