Posos de anarquía

España arrastra los pies hacia la regulación del cannabis

Manifestantes durante la Marcha Mundial de la Marihuana 2022. - Jesús Hellín / Europa press

El Gobierno tiene seis meses para plasmar en ley las recomendaciones aprobadas ayer en el Congreso para regular el cannabis medicinal. Es una buena noticia; decir lo contrario sería absurdo, porque mejora la situación de la que partimos, pero lanzar las campanas al vuelo también  sería disparatado, porque la regulación nace con tantas carencias y limitaciones que no termina de sacudirse esa visión retrógrada que acompaña a nuestros legisladores desde la dictadura.

La máxima expresión de ese pensamiento caduco, diría que casposo, lo encontramos en la derecha más rancia personificada en PP y Vox, que el pasado lunes votaron en contra de que las personas con dolor crónico puedan tratarlo con productos cannábicos. No existe absolutamente ningún criterio médico o científico que avale este rechazo, más bien al contrario.

Se trata, pues, de una cuestión ideológica e hipócrita que se niega a admitir que en el barrio madrileño de Salamanca probablemente hay más adictos por metro cuadrado que en el barrio más marginal que se puedan imaginar. La diferencia es que en esos distritos exclusivos la adicción es a opioides como el fentanilo, del que España es el tercer consumidor mundial, solo por detrás de EEUU y Alemania. Vamos claramente en la misma dirección que EEUU, donde la epidemia de opioides se ha cobrado millones de personas adictas y cientos de miles de fallecidas, tal y como ilustra Sam Quinones en su magnífico libro Tierra de Sueños (Capitán Swing).

La hipocresía, falta de miras y probablemente desconocimiento de la materia entre sus señorías es tal que me recuerda lo vivido a finales de los 90 en una sesión del Senado a la que tuve ocasión de asistir para discutir el establecimiento de la tarifa plana de internet, algo que sólo recordarán algunas de las personas lectoras y que les traerá a la mente aquellos módem con sonidos electrónicos. Entonces como ahora, pocos, muy pocos de nuestros representantes saben realmente de lo que hablan. Y eso se evidencia en cómo en la actualidad ya es legal en España cultivar cannabis medicinal, pero no su uso, únicamente su exportación, con la visión cortoplacista de que el 60% de las licencias para ello se han otorgado a empresas de capital extranjero, ante las críticas de las organizaciones cannábicas nacionales.

En partidos supuestamente progresistas, como el PSOE, la caspa ideológica es menor, pero muy presente y viene a plasmarse directamente en lo que será la futura ley que, incluso, contempla la puesta en marcha de un registro centralizado de los pacientes, algo que no sucede con el suministro de drogas legales mucho más duras. Es una prueba más del exceso de celo que se ha tenido en la elaboración de estas recomendaciones que podría llevar a restringir la venta de las fórmulas magistrales con extractos o preparados estandarizados de cannabis a las farmacias hospitalarias.

Sin lugar a dudas, donde más se percibe la mente retrógrada de los legisladores es en que la prohibición del autocultivo seguirá  vigente, habiéndose rechazado la solicitud de Unidas Podemos, ERC y Bildu para "los pacientes con receta que opten por esta vía de acceso".  No se permitirá como de hecho ya se prohíbe a quienes los opioides no alivian su dolor crónico y quieren optar por el autocultivo para escapar de la adicción del fentanilo.

Es inevitable acordarse estos días de Fernanda de la Figuera, conocida como la Abuela Marihuana, la activista recientemente fallecida que no sólo luchó por el autocultivo, sino que tanto bien hizo para multitud de personas a las que nuestros legisladores habían dado la espalda. Hace tres años escribía cómo las predicciones para el mercado de cannabis de uso terapéutico se situaban en 50.000 millones de euros en cinco años, unos 5.000 millones de euros para 2025. Las previsiones han saltado por los aires y, de hecho, la previsión de necesidades de cannabis medicinal se han disparado de los 600 kilos en 2021 a las seis toneladas para 2022. Quitar ese bocado a la industria farmacéutica, que era lo que implicaba la visión de Fernanda, es algo que no le iban a permitir, por lo que fue acosada judicialmente hasta el día de su muerte.

Si la Abuela Marihuana, a la que tuve la suerte de conocer y compartir momentos, fue sometida a tal hostigamiento después de haber sacado de peligrosos guetos a  personas enfermas crónicas que acudían al mercado ilegal para aliviar lo que la Sanidad pública le negaba, imagen cuál es la perspectiva para el uso lúdico del cannabis. Ciudadanos ha intentado abrir este melón aprovechando la regulación del uso medicinal, pero se ha chocado contra un muro. Otros partidos, como ERC, también apuestan por una regulación integral del cannabis. A fin de cuentas, es un hecho que la prohibición no da los resultados esperados, porque el consumo va en aumento año a año y, junto a Francia, España es el país europeo donde más se consume, rondando el 11% de la población.

En resumen, estos primeros pasos que se dan hacia la regulación apuntan en la buena dirección, pero se arrastran tanto los pies y se camina tan de espaldas que únicamente es posible mostrar satisfacción por todas aquellas personas que por sus patologías venían sufriendo un infierno diario, olvidados por nuestros legisladores, y ahora verán en algo aliviada su situación. Queda mucho viaje por delante para una travesía para la que, ahora al menos, nuestros legisladores ya han sacado billete.