Posos de anarquía

Romper el centralismo a golpe de populismo

La consejera de Hacienda de Andalucía, Carolina España, aplaude junto a Moreno. - Joaquín Corchero / Europa Press

Históricamente, Madrid ha mirado poco a otras comunidades autónomas, con excepción de los nacionalistas bisagra que quitaban o ponían a PP y PSOE en La Moncloa a su arbitrio, motivo por el cual han sacado su particular tajada. Esta dinámica está cambiando. El regalo a los más ricos que ha hecho el presidente andaluz Juan Manuel Moreno se ha convertido en el epicentro de un seísmo político nacional de dimensiones inéditas. El centralismo comienza a quebrarse; la pena es que no sea precisamente por medidas que persigan el bien común.

La rebaja fiscal a la minoría más rica que impulsa el PP en Andalucía ha tenido un efecto dominó. Ya no es Madrid quien marca el ritmo, es desde el sur de donde parte un huracán que asola ya toda España y amenaza con agrandar aún más la brecha de desigualdad que quiebra España. Esa y no otra es la verdadera ruptura del país, la que han propiciado quienes más reclaman unidad -la derecha- y, sin embargo, dejan en la estacada a quienes más lo necesitan.

Considerando la clase política que padecemos, el prolegómeno de un año electoral, en el que habrá municipales, autonómicas y generales, no es el mejor reclamo para la prudencia y responsabilidad. Ello ha propiciado que el PP tome el pendón de Moreno y lo lleve al resto de sus gobiernos autonómicos y, lo que es peor, que el PSOE entre al trapo como un toro que embiste al aire mientras la faena nos la hacen a la ciudadanía.

El presidente valenciano Ximo Puig (PSOE) fue el primero al que alcanzó la onda expansiva de Andalucía y rompió la baraja socialista, haciendo entrar a la izquierda en el mercadeo fiscal que, en realidad, no son más que parches que no conducen a nada bueno. Desde el Gobierno central, el PSOE ya desliza que podría haber rebajas selectivas de IRPF, pero obvia que lo realmente necesario es una reforma fiscal que evite este parcheo indiscriminado. Se le escapa la legislatura y esa reforma, que bien podría haber sacado adelante, ni se ha desempolvado.

Así pues, la buena noticia es que ya no sólo es Madrid quien acapara todas las miradas e, incluso, quien traza el camino a seguir. La mala, que no es para bien. Ganarse la atención del resto a base de populismo, vendiendo rebajas fiscales en Andalucía que apenas benefician al 0,2% de población, no parece la mejor manera de fortalecer la unidad y aguantar la presión de la crisis económica que nos asola. Las lecciones a aprender de lo sucedido deberían tener el calado suficiente para que quienes gobiernan desde Madrid -y los medios de comunicación- no pierdan de vista a las comunidades autónomas, cuyas buenas políticas bien podrían ser clonadas a nivel nacional.

En lugar de replicar las malas prácticas de Moreno Bonilla, que persigue ganarse el favor de las personas desinformadas/manipuladas mientras sólo beneficia a las más ricas, haríamos mejor en amplificar las buenas prácticas que, de hecho, se llevan a cabo en muchas regiones. La Conferencia de Presidentes, que recuperó cierta relevancia durante la pandemia, ha de cambiar radicalmente su funcionamiento: convertido ahora en un espacio de enfrentamiento y negociación continua por ver quién arrima más el ascua a su sardina, habría de transformarse en un punto de encuentro en el que poner en común las medidas que funcionan, que persiguen el bien común, que reducen la desigualdad. En definitiva, las medidas que, tristemente, no tienen ese efecto dominó.