Punto de Fisión

ETA, ETA, ETA, queremos pandereta

ETA es, probablemente, la única banda terrorista zombi de la historia, ya que continúa aterrorizando después de muerta. En eso se parece bastante a The Walking Dead, una teleserie que sigue alimentándose de su propio cadáver desde hace cuatro o cinco temporadas. Sólo que a ETA quien le está haciendo el masaje cardíaco y la respiración boca a boca, intentando la reanimación asistida dos años largos después de su defunción, es la derecha en bloque, asustada ante un gobierno comunista, indepe y venezolano. Temen que en los presupuestos generales del Estado vaya implícito un apartado dedicado al impuesto revolucionario y otro a los coches-bomba.

Sí, da bastante asco frivolizar sobre una banda terrorista con más de ochocientos muertos a sus espaldas y un océano de dolor, de miedo y de desdicha. Sin embargo, es lo que llevan haciendo el PP y Vox desde hace tres semanas: chistes de humor negro a costa de los muertos de ETA, apropiándose en exclusiva el papel de víctimas, utilizando el luto y el sufrimiento de miles de familias sin pizca de rubor ni de vergüenza. Aparte de la sangre, la extorsión y la pólvora, con ETA todo son maniobras de oportunismo político, como dijo Arzalluz: cuestión de ver quién sacude el árbol y quién recoge las nueces. Sólo que cuando era Aznar el que pactaba con el PNV y ponía el capazo, las nueces sabían a gloria.

Era entonces, en medio de los autobuses reventados, los tiros en la nuca y los niños destrozados, cuando se decía, con razón, que los terroristas de ETA debían abandonar las armas y defender sus ideas desde la política. Es difícil creer que los asesinos y los matones se conviertan en honrados políticos de la noche a la mañana, aunque en este país ya estamos acostumbrados a estas metamorfosis, cuando poco después de la muerte de Franco empezaron a brotar demócratas y enemigos de la dictadura desde las filas de los torturadores y los genocidas que habían tenido acogotado al país entero durante cuatro décadas. Por otra parte, sin salirnos del siglo pasado, Irlanda o Israel consiguieron materializar un exitoso proyecto de independencia política construido a base de bombazos, secuestros y asesinatos, por no hablar de Nelson Mandela, antaño terrorista, preso político muchos años, y fundador del Umkhonto we Sizwe, culpable de docenas de atentados con niños muertos incluidos.

Ahora el problema de la derecha es Bildu, una formación legal que ha renunciado expresamente a la violencia, pero que, además de enviar abrazos a Josu Ternera, está aliándose con el bando erróneo en lugar de pactar con Maroto, como hizo en su día. "Yo siempre tendré una actitud de generosidad, de mano tendida y de espíritu abierto para consolidar las posibilidades de paz" declaró Aznar en 1999, cuando se enorgullecía de haber acercado presos etarras de Canarias a la península y llamaba a ETA "movimiento vasco de liberación". En su postura respecto al terrorismo etarra, el preclaro estadista me recuerda a un sofá que había en un salón de mi casa y en el que mi madre nos tenía prohibido sentarnos, porque era exclusivamente para las visitas. Al final mi madre hizo una funda para el sofá, con la idea de que no se estropease, pero el primer día que nos vio a mi hermano y a mí sentados encima de la funda nos dijo que nos bajáramos de ahí, que íbamos a mancharla. Además de nueces, Aznar debería comer rabos de pasas.