Punto de Fisión

Toni Cantó en busca de Toni Cantó

Toni Cantó en su nuevo proyecto televisivo

Es muy posible que la vida de Toni Cantó sea en realidad una obra de teatro. En cierto modo ese elemento de ficción está presente en mayor o menor medida en la vida de cualquiera, algo que descubrimos más temprano o más tarde, pero nadie ha llevado el experimento más lejos que Toni, un verdadero artista del travestismo. Hace muchos años, en mitad de una fiesta, alguien comentó la sospecha que tenía desde tiempo atrás de que su existencia entera pudiera ser una película, concretamente una de esas películas de cámara oculta en la que todos los participantes conspiran para gastarle una broma. Explicó que la broma había empezado en algún momento de su infancia, con padres y amigos de repuesto, y duraba hasta aquel momento en que las tres copas de alcohol que llevaba encima empezaron a tirarle de la lengua. No le hicimos mucho caso, pero meses después nos enteramos de que su familia lo había ingresado en el Alonso Vega.

Gracias a su experiencia como actor, sobre las tablas y delante de las cámaras, Toni Cantó ha eludido estos riesgos psiquiátricos al tiempo que profundizaba en las implicaciones metafísicas del asunto. Los sesgos ideológicos y los cambios de chaqueta no son más que fases de una metamorfosis en la que Toni tenía que probarse todas las máscaras posibles para ahondar en el absurdo primordial de la existencia humana. Pirandello escribió Seis personajes en busca de autor, una pieza maestra del arte dramático, sin comprender que Toni Cantó iba a alargarla durante decenios haciendo él solo todos los papeles.

Nadie le hizo mucho caso cuando se afilió a UPyD (menos que nadie, él mismo) y tampoco le prestaron mucha atención cuando al cabo de un tiempo trasbordó a Ciudadanos , que por aquel entonces era un crucero de lujo rutilante que se dirigía rumbo al naufragio. Al fin y al cabo, el injerto parecía un episodio más de Siete vidas, aquella teleserie en la que Toni bordaba el papel de tonto del culo al que freían la nuca a collejas. Pocos años después, saltó hábilmente del pecio de UPyD a punto de hundirse y volvió a su primer amor, Ciudadanos. Total, tampoco es que hubiera mucha diferencia entre una y otra formación política, hasta el punto de que Toni Cantó podía haber trabajado en las dos al mismo tiempo y nadie se hubiera dado cuenta. Especialmente él mismo.

Cuando abjuró de Ciudadanos, poniéndose a disposición de Isabel Díaz Ayuso para lo que fuese menester, las fronteras entre realidad y ficción empezaron a diluirse incluso para el público. No se borraron del todo hasta que le pusieron al frente de la Oficina del Español, un chiringuito grotesco por el que muchos se echaron las manos a la cabeza demostrando que no habían pillado el chiste. Era un dispendio y un verdadero disparate plantar un organismo lingüístico en defensa del castellano en el centro mismo del idioma castellano, pero Toni, aparte de forrarse, sólo estaba dando un paso más en su búsqueda.

Embutido en la piel de mi tocayo David Pérez Pérez (aquel pobre hombre que se pasó 18 años en coma tras golpearse la cabeza en la ducha al oír los disparos de los guardias civiles en el Congreso durante el 23-F), Toni estaba demostrando partido a partido y ridículo a ridículo que la democracia es una farsa, la Transición una farsa, la política una farsa y España entera un baile de disfraces. Ahora está en una tele de ultraderechas haciendo chistes de mariquitas, a dos pasos de descubrir el truco, la cámara oculta que nos va a revelar a todos que aún seguimos en el blanco y negro de los años setenta. El final va a ser la hostia.