Punto de Fisión

Feijóo ante la Gran Hermana

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, participa en el Global Youth Leadership Forum, en el Palacio de la Magdalena, Santander. EFE/Pedro Puente Hoyos
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, participa en el Global Youth Leadership Forum, en el Palacio de la Magdalena, Santander. EFE/Pedro Puente Hoyos

Fue una excelente idea invitar a Feijóo a impartir una charla en un foro para jóvenes en el palacio de la Magdalena en Santander. Podían haber invitado también a Los Morancos o a Fernando Esteso, pero seguramente no nos hubiéramos reído tanto. En el momento en que lo eligieron jefazo del PP, Feijóo parecía un tipo serio, pero cagada tras cagada ha ido sacando el irrefrenable caricato que lleva dentro, un personaje que apenas sabe empalmar dos frases seguidas sin hacerse un esguince de lengua y que expone un diploma en incultura general cada vez que abre la boca. Lo mismo le despacha un certificado de nacimiento a Pablo Picasso en Catalunya que le pregunta a un ganadero gallego por qué las vacas llevan nombre de mujer. "Porque son vacas" le respondió el pobre hombre, a ver si lo pillaba. En Galicia es que ya lo conocen.

Nadie se sorprendió demasiado cuando Feijóo empezó a citar a Orwell y confundió el título de uno de los libros más célebres del pasado siglo con el año en que suponía que había sido escrito. Cualquiera que aspire a presidente de un país, incluso a presidente de una comunidad de vecinos, debería saber que el Gran Hermano es algo más que un programa de televisión y que Orwell, pobrecito, llevaba más de treinta años muerto cuando llegó la fecha de su fatídica profecía política. Habría sido la hostia no ya que Feijóo se hubiera leído 1984, sino que además lo hubiera entendido, pero sus asesores seguramente trabajan en secreto para Pedro Sánchez o para El Gran Wyoming y pensaron que escribir 1984 en la cartulina era como deslizar con tinta una piel de plátano. Tampoco hay que descartar que lo estén haciendo a posta, esforzándose en crear un referente cómico capaz de hacer olvidar a Mariano y a Pablo Casado. Cada día que pasa barrunto que esto último es lo más probable.

Feijóo no sabía que 1984 era el título de una novela de Orwell por la misma razón que ignoraba que llevaba varios años saliendo en plan amigos íntimos con uno de los mayores narcotraficantes de Galicia. Porque no lee nada. Es alérgico a la lectura, incluso de periódicos, lo cual supone un valor añadido para ese sector de su electorado que considera la erudición sospechosa, la literatura una mariconada, la cultura un lastre y el periodismo una mierda. Esa gente que cree que las bibliotecas están quitándoles el sitio a las bodegas y que con un museo dedicado al jamón basta y sobra.

Una verdadera lástima porque, de haberlo leído antes de ponerse a explicarlo, a lo mejor Feijóo hubiese comprendido que 1984 no va de la mentira o la posverdad (el término técnico para "paparrucha") sino de la técnica del "doblepensar", una invención de Orwell que ilustra cómo, bajo la presión del poder, la mente humana es capaz de aceptar una mentira como verdad o de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente. Un buen ejemplo fue el pacto germano-soviético de 1939, cuando de la noche a la mañana los comunistas europeos tuvieron que tragarse el tratado de no agresión entre Hitler y Stalin que propició la invasión de Polonia.

Sin embargo, al contrario de lo que pensaba Orwell, el "doblepensar" no es exclusivo de las dictaduras totalitarias: pudimos asistir a otro paradigma excelso hará unos veinte años, cuando de repente, según la propaganda de EEUU, Sadam Husein dejó de ser el ogro bueno de Oriente Medio y se convirtió en el demonio. La semana pasada el propio Feijóo ha tenido que comerse una buena ración de "doblepensar", cuando súbitamente reculó de su intención de renovar el Consejo General del Poder Judicial después del recado que le enviaron varios altos cargos y presidentes autonómicos, en especial Díaz Ayuso y Moreno Bonilla. Por cierto que Ayuso se le adelantó en su charla a los jóvenes, comentando que les sobra de todo y les falta cultura del esfuerzo: podía haberse puesto de ejemplo ella misma, que tanto se esforzó en traducir los ladridos de un perro. Feijóo todavía está a tiempo de leer 1984 y enterarse no sólo de que la Gran Hermana le vigila sino que es todo amor y sonrisas.