Del consejo editorial

El embrollo vasco

 RAMÓN COTARELO

Dice el PNV que debe gobernar quien tenga más votos populares. El terreno del "deber ser" en política es pantanoso. La mayoría de votos populares funciona (y no siempre) en los sistemas mayoritarios. No en los proporcionales. La única mayoría indubitable es la absoluta; las simples se prestan a otras fórmulas, como sabe muy bien el PNV, que gobierna en Araba y Gipuzkoa sin ser el partido más votado.
Dice también el PNV que hay pactos contra natura equivalentes a un golpe institucional. En los pactos, como en el sexo, no hay nada contra natura. ¿Qué era el Gobierno del PNV con Ezker Batua? ¿Qué la aprobación del plan Ibarretexe con los votos de Batasuna? Los comunistas y los nazis votaban juntos en la República de Weimar contra los socialdemócratas, y las derechas y los comunistas españoles tenían una "pinza" contra el PSOE 70 años después. ¿Qué significa contra natura? En política sólo hay intereses.

No obstante, el posible pacto entre el PSE y el PP, siendo legítimo, tampoco es oportuno por las razones siguientes: primera, dejaría al PSE a merced del PP, cuya lealtad institucional y pactista es tan inexistente como la del PNV. Los dos pactaron cuando José María Aznar quiso ser presidente del Gobierno sin llamarlo contra natura, y los dos rompieron el pacto cuando les convino. Segunda, nada obliga a que el partido con mayoría relativa forme Gobierno, pero lo cierto es que los usos democráticos piden que, cuando menos, figure en él. Tercera, no es prudente romper el acuerdo implícito de gobernabilidad en el ámbito estatal. La izquierda no tiene mayoría absoluta en el Congreso, donde no se reproduciría el pacto con el PP del País Vasco que dejaría en debilidad al Gobierno vasco y al de España, y ya está el PP pidiendo elecciones legislativas anticipadas.

La opción de un gobierno minoritario del PSE es digna, y prueba el valor de Patxi López, pero sólo puede considerarse en último extremo dado su altísimo riesgo. Todavía hay otra que ya ha empezado a aparecer tras las palabras gruesas, esto es, la reedición del pacto PSE-PNV. Todo habla a su favor: la tradición, la experiencia y la moderación de ambos partidos, y sólo presenta el escollo de quién será el lehendakari.

Cuestión espinosa que yo resolvería designando a quien tiene mayores apoyos parlamentarios –Patxi López–, pero que también podría resolverse con una fórmula de alternancia de dos años cada uno en la Lehendakaritza. De no ser así, ¿qué significado tiene la fórmula peneuvista del "liderazgo compartido"? Los réditos de este pacto son obvios: no es un frente; tiene garantizada la estabilidad (54 escaños), muy necesaria en tiempos de crisis; enriquecerá las experiencias del PNV; y garantiza la gobernabilidad en el País Vasco y en Madrid.

La diferencia entre este pacto y el del PSE-PP es que en este el PSE está a merced del PP, mientras que en aquel es el PNV el que está a merced del PSE. Las lecturas ajenas serán envenenadas. PP y UPyD, condenados a la irrelevancia, dirán que el PSE se ha vendido al nacionalismo; la izquierda abertzale, también irrelevante, que el PNV se ha vendido al españolismo. Pero ese pacto tiene el apoyo del 80% de la población vasca.

Ramón Cotarelo es Catedrático de Ciencias Políticas