Del consejo editorial

La educación como inversión

JORGE CALERO

"Abandono prematuro". Así lo llama la Comisión Europea. Abandonan prematuramente el sistema educativo los jóvenes que, cumplidos los 16 años, no continúan estudiando Bachillerato o Ciclos Formativos (la antigua FP). Y es "prematuro" porque se considera que es (o debe ser) algo poco frecuente. Pero, ¿es poco frecuente en España?
En España, el 42% de los jóvenes deja de estudiar al acabar la educación obligatoria (ESO). Es una cifra muy alta, solo superada en Europa por Portugal y Malta. Pero, además, es una cifra que no ha bajado en los últimos años; al contrario, ha subido ligeramente. Por tanto, el abandono prematuro en España no es ni tan prematuro ni tan excepcional. Estamos muy lejos de otros países –como el Reino Unido u Holanda– que avanzan hacia una escolarización universal hasta los 18 años.
Sin duda, hasta hace bien poco, la posibilidad de encontrar un trabajo fácilmente atraía a los chicos (más que a las chicas), separándoles de las aulas. Pero eso también ha sucedido en otros países que, sin embargo, han conseguido retener mejor a sus jóvenes en el sistema educativo. Muchos jóvenes valoran especialmente poco, aquí, lo que puede darles la educación. De forma más general, nuestra sociedad no ha valorado suficientemente, al menos hasta hace poco, lo que le podía aportar la educación.

La crisis y la escasez de empleos están haciendo menos atractiva (o menos posible) para nuestros jóvenes la entrada rápida en el mercado de trabajo. La estrategia más recomendable en esta coyuntura económica, la mejor inversión, es continuar en las aulas, o volver a ellas. Se trata, en cierto modo, de hacer de la necesidad virtud. Pero esta estrategia, que resulta clara vista desde fuera, ¿la verán así de clara, también, los propios jóvenes? En mi opinión, no lo suficiente. Corremos en estos momentos un riesgo serio de que los jóvenes que ya no pueden utilizar un empleo para convertirse en adultos rechacen la permanencia en las aulas. A los 16 años, las palabras que hemos usado, "estrategia" o "inversión", no acaban de sonar bien. Son demasiados años durante los que muchos jóvenes no han visto en la escuela algo útil en lo que sustentar sus biografías. Sus vidas han ido por otros caminos.
Si ello sucede así, el resultado probable será la creación de bolsas de jóvenes que ni estudian ni trabajan, la combinación que aporta más riesgo a una sociedad: riesgo de exclusión y, también, riesgo de deterioro de las posibilidades productivas para el futuro. Porque, en cuanto salgamos de la crisis, las empresas volverán a necesitar trabajadores formados. De hecho, cada vez mejor formados. ¿Dónde los encontrarán? Los primeros empleos que tenían, hasta hace poco, muchos jóvenes con sólo la ESO completada eran de bajo valor añadido. Sin embargo, permitían al menos un cierto aprendizaje de los procesos básicos. Sin primer empleo también se pierde ese aprendizaje.
Si cada uno de los jóvenes no percibe por sí mismo la importancia que tiene, especialmente ahora, no dejar los estudios, habrá que hacérselo saber entre todos. Por ejemplo, mediante políticas renovadas y decididas de becas que apoyen especialmente a los alumnos de secundaria (una novedad en nuestra tradición educativa). También, permitiendo una mayor flexibilidad, fomentando los estudios a tiempo parcial, por ejemplo. Diversos medios, pero un único fin: que no abandonen.

Jorge Calero es Catedrático de Economía Aplicada