Para crecer hay que repartir

JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO

Economista

Los últimos datos macroeconómicos indican que es el sector exterior el único componente que está tirando actualmente de nuestra economía y manteniendo las exiguas tasas de crecimiento. Este hecho ha llevado a que algunos analistas, y por supuesto el Gobierno, se hayan agarrado a las exportaciones como a una tabla de salvación, esperando que esta variable relance la economía.
Una vez más se confunden los deseos con la realidad y la solución con la pura necesidad. Sin duda sería muy bueno que España fuese altamente competitiva y que su sector exterior constituyese un factor notable de crecimiento. Pero no es así. A lo largo de nuestra historia se ha comportado más bien como causa de estrangulamiento. Si en los últimos trimestres las exportaciones han aumentado de forma insólita ello obedece, primero, a los extraordinarios descensos experimentados en los trimestres anteriores, y, segundo, a que los empresarios han hecho de la necesidad virtud y, ante la brutal depresión de la demanda interna, están realizando ingentes esfuerzos para vender en el exterior, entre ellos moderar los precios a la exportación, señal de que los salarios se lo permiten y no son los causantes de la pérdida de competitividad.
Sin embargo, no se puede esperar que el sector exterior se convierta en la locomotora que nos saque de la crisis. La prueba es que aun en estos momentos mantenemos un déficit por cuenta corriente del 4%. Sin demanda interna es difícil que la economía se recupere, y con cinco millones de parados no parece muy posible que se reanime el consumo. Es un círculo vicioso. La única manera de romperlo es cambiando la distribución de la renta hacia las clases bajas con mayor propensión a consumir y en contra de las que presentan mayores tasas de ahorro. La igualdad no se opone al crecimiento, como siempre nos han querido hacer creer. Todo lo contrario. Para crecer hay que empezar por repartir la tarta de manera más igualitaria. El discurso oficial, frente a las demandas de los más desfavorecidos, ha utilizado como excusa las exigencias económicas; pues bien, son precisamente esas mismas exigencias económicas las que deberían aconsejar incrementar las políticas redistributivas.